martes, 8 de abril de 2008

El fin de la angustia -comentario de clases-


SEMINARIO: “EL FIN DE LA ANGUSTIA”
de Enrique Acuña
diciembre 2007, Posadas, APM-

Breve reseña de Julieta Ríos

En relación al título del seminario, Acuña se refiere al término "fin", como un significante equívoco, que además de su sentido de fin temporal, señala una finalidad ética, una dirección, se trata de ver qué función le damos a la angustia en psicoanálisis.

En Inhibición, síntoma y angustia, Freud remeda el modelo pavloviano, de la reflexología, que coloca al yo al servicio del mundo externo, donde hay una adaptación a las necesidades biológicas, pero Acuña señala que entre el estímulo y la respuesta (arco reflejo) hay una ley que no está escrita de antemano: el inconciente. El síntoma y la angustia, por lo tanto, desplazan al yo del centro.

Síntoma: doble sustitución: del sentido y de la satisfacción.
Ideal social: inhibiciones
Angustia: señal del yo que se capta en el síntoma (psicoanálisis)

El afecto freudiano se constituye en dos tiempos a partir del síntoma como efecto que remite a una causa. Esa causa es el trauma que luego se desplaza al fantasma

La angustia es una temporalidad del instante sin palabras, donde hay ausencia del relato, el sujeto queda en suspenso, sin juicio de la causa. En un inicio implica la desaparición del sujeto de la experiencia del lenguaje. La angustia como afecto hace un cuerpo, pero la extremo que es reducido el cuerpo a la angustia, como presenta Jacques Lacan en La tercera.

Partiendo de una cuestión actual, donde se formula la pregunta ¿cómo desangustiar?, Acuña remite al texto de Jean-Claude Milner, donde el filósofo habla de la aplicación de una “ideología de la evaluación” en el orden público, a partir del cual los sujetos son reducidos a casos estadísticos.

Luego dintinguió la clínica de la mirada, donde el saber psiquiátrico del siglo XIX hace una descripción detallada de los síntomas que observa; la clínica del fármaco (a partir de mediados del siglo XX), que elimina las clases de síntomas y hace desaparecer de sus manuales estadísticos la neurosis y la angustia, y la clínica del derecho, en particular interes hacia el derecho a la salud, característica de este siglo, que instala la figura del "perjudicado", por un lado y por otro, a el trauma generalizado.

Dice: hoy hay modelos jurídicos que dan lugar a asistencias especializadas. Se produce una dialéctica entre el perjudicado-el prestador. Asociaciones y grupos que toman el signo de goce como rasgos. Luego el ideal social opuesto es la “salud para todos”. También menciona el curso de Foucault, de 1978, “Nacimiento de la biopolítica”, quien sitúa al liberalismo como marco general de la biopolítica, donde el mercado, como nueva figura del amo, es un saber que pasa a regular la salud mental, comienza a organizar los modos y nombres de los goces. En este marco, la presentación del síntoma deviene de la significación del Otro social que lo identifica a su signo.

Angustia: un agujero en la palabra
Volviendo al tema de la angustia, Enrique Acuña apela nuevamente a Freud, quien sitúa una doble causalidad en la angustia: primero, la "situación traumática", caracterizada por el desamparo, y luego "la situación peligrosa", donde el peligro surge frente la pérdida –del objeto de amor o de una parte del cuerpo propio.

En un avance Lacan señala como una dirección la cesión del objeto (a) : consiste en aislar el punto en el cual la situación actual de pérdida se liga con la situación traumática. A partir del relato de la situación se localiza algo hasta un límite: el objeto.

¿Cómo es su situación peligrosa? Nos conduce a la pregunta: ¿qué está en el lugar de la causa? La pérdida del objeto de amor remite a la pérdida de otro objeto, "en lugar de" , este es otro objeto que alude a una causa perdida: resto de la operación del lenguaje. El fin de desangutiar no es entonces en el sentido de eliminar dicha experiencia de la angustia, sino, precisamente, atravesarla al obtener su causa logica.


Distinguió el trauma como agujero (de la palabra troumatisme, que Lacan acentúa como trou: agujero) del fantasma, donde se trata de darle soporte simbólico imaginario a lo real. Indicó que el afecto de la angustia remite a una causa, y el sufrimiento sería presentación de un efecto. La "situación peligrosa" freudiana tiene una condición que es la posibilidad de una pérdida; remite a la angustia de castración, pero castración en el sentido de que cada uno dispone en el inconciente de una cadena significante limitada y después de ese límite a una experiencia de un vacío. Hay un elemento que falta en el relato, se trata de la ausencia de significante y del elemento vacío que es el objeto a, un agujero real es recortado y aislado.

Falta un significante = agujero real = objeto a: modo de nombrar ese real, que cuando lo nombro ya no es real.
Distingue: función de la angustia
· función de la causa
· función del síntoma
La "angustia lacaniana" (Miller) separa el objeto de amor y el objeto de la angustia, coloca una x: variable que el sujeto va a tener con respecto a lo que le falta decir, una significación que cada uno inventa, en lo cual se articula algo de su deseo. Sitúa aquí el síntoma, que se pone en lugar de la angustia. Aunque siempre queda un resto de angustia -el objeto a-, resto que no se reduce a los significantes del deseo. El goce articulado al deseo es la construcción de ese relato sintomático.
Diferencia dos momentos en el análisis, uno que tiene que ver con el atravesamiento del síntoma y el otro con el atravesamiento de la angustia.

Esto supone un pasaje del "Cómo" estético, del lado del agalma, el objeto de amor que atrae por su brillo, por sus buenas formas y que no necesita ningún razonamiento de la causa, al "Por qué" ético, del lado de la angustia y de la causa que se pierde, pasando por el goce.
Angustia ------------------------ Deseo
condicionalidad
(fantasma)
El corte implica poner en suspenso el significante como pregunta.
Concluye que la clínica cambia en relación al síntoma, pero la angustia no cambia en su experiencia fundante, no hay “nuevas angustias”. El fin de la angustia, en cuanto finalidad, consistiría entonces, en aislar el objeto a, y el psicoanálisis sería una experiencia de captar lo real por lo simbólico, pero a la vez, también la posibilidad de soportar ese límite de experiencia con otro saber.

Dice: “en esa localización en los límites de ese objeto, ubico un real, función de la causa que se sitúa en el lugar vacío de la angustia que se puede localizar... aunque nunca decir todo. Sé dónde está ese objeto aunque no sé qué hay ahí." Para ilustrar esta posición del sujeto ante el atravesamiento de la angustia, Enrique Acuña toma algunas palabras del escéptico Borges, en el poema “Laberinto”: Nada esperes. Ni siquiera en el negro crepúsculo, la fiera.-


(1)-Seminario en dos clases organizado por la Asociación de Psicoanálisis de Misiones. dic/2007.-
vinculo a Articulo : "La captación de la angustia por el síntoma" de Enrique Acuña en:

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