miércoles, 30 de julio de 2008

Angustia y Sintoma


Instituto Oscar Masotta

Delegación Posadas

Seminario clínico: Inhibición, Síntoma y Angustia.

4ta clase : Caminos de formación de síntomas. Sentido sexual y satisfacción sustitutiva. Causalidad: trauma y protofantasías.

Dictada por Julieta Ríos y Claudia Fernández.

El viernes 11 de julio se llevó a cabo la cuarta clase del Instituto Oscar Massotta. La misma estuvo a cargo de Claudia Fernández y Julieta Ríos, ambas docentes locales del instituto.

Claudia Fernández comienza haciendo un recorrido por las conferencias freudianas (17 a 23), es decir desde el momento en que Freud postula un sentido para los síntomas neuróticos, al punto en donde, al hablar de los caminos de formación de los mismos, deja entrever dos caras del síntoma: 1 su sentido

2 su característica de satisfacción sustitutiva. En donde el síntoma aparece como sustituto de una satisfacción sexual interceptada.

Se plantean dos momentos teóricos en Freud:

Un primer momento en el que Freud cree en el trauma.

Un segundo momento en el que Freud, escribe a Fliess diciendo que no cree en su neurótica.

Claudia Fernández muestra que este viraje teórico, hace surgir el concepto de Fantasía, definiendo a la misma como aquello que no había existido en lo real, pero sí en el discurso del paciente, (realidad material vs. realidad psíquica).

La Fantasía tendría, por lo tanto potencia causal, la fuente de las mismas esta en las pulsiones y son un patrimonio filognético, es decir, idénticas en todos.

Freud piensa 3 Protofantasías (arcaico pero constitutivo):

1- Fantasía de seducción.2- Fantasía de visualizar el coito parental (escena primaria).

3- Fantasía de castración.

Siguiendo a Germán García, en Actualidad del trauma. Se plantea que trauma y fantasía no se excluyen.

Las mismas se articularían en dos tiempos: 1° en la infancia habría una fantasía,

2° en la pubertad un acontecimiento.

Se muestra además cómo la elaboración teórica del aparato psíquico freudiano, iría ligado a una concepción del trauma.

Tópicas: Idea del Trauma:

1° Icc – Pre Cc- Cc Lo ligado y desligado.

2° Yo – S. yo- Ello Herida narcisista, moral, ultraje.

3° Económica. Excitación excesiva.

En el punto en donde la docente liga el trauma al factor sorpresa, la clase es retomada por Julieta Ríos quien, siguiendo a Lacan y Miller; comenta las conferencias 17: “El sentido de los síntomas” y conferencia 23: “Los caminos de la formación de síntoma”, de Freud.

Conferencias de las cuales se vale Miller para postular al síntoma compuesto por dos ejes: - sentido

- satisfacción libidinal: goce.

- Conferencia 17 - Conferencia 23

Sentido Referencia a una experiencia anterior.

La referencia del síntoma es el Fantasma, el cual constituye un velo a algo que se ubicaría más allá: Castración.

Julieta Ríos explica que la libido encontraría un veto en la realidad, motivo por el cual emprende un camino regresivo hacia la fantasía (realidad psíquica).Si la libido regresa es porque hay allí algo que ejerce atracción: punto de Fijación.

La docente refiere también que aunque el síntoma es una formación sustitutiva, no hay sustitución de la satisfacción, no importa el objeto la pulsión se satisface. Miller afirma que Freud encuentra un corazón real en el fantasma, un resto de goce que queda como memoria del trauma:


Habrían entonces 2 regresiones: 1, la libido regresa desde la realidad externa al fantasma.

2, hay un más allá del fantasma: el punto de fijación.

A su vez la libido se puede - Sintomatizar o

- Sublimar

El Arte iría de la realidad psíquica a la realidad externa.Mientras que podríamos pensar que la terapia analítica va del Sentido al Goce.Finalmente se repasan las 5 operaciones realizadas por Lacan con el binario: sentido – goce:

1- Separar.

Lacan enfatiza el sentido del síntoma, su costado simbólico y ubica la libido (goce) en el eje imaginario en tanto que, en este momento, es fundamentalmente narcisista. Cuestión que desemboca en el esquema L.

El síntoma aparece como un símbolo con un sentido reprimido.

2- Articular.

Complejiza lo simbólico. Lacan dirá que el síntoma es significado del Otro, pero un significado especial en tanto se conecta con el fantasma.

3- Deducir.

Se deduce el goce del sentido.

4- Producir.

Producir el plus de goce a partir del aparato del lenguaje.

5- Anudar.

Anuda sentido y goce: “sentidogozado”. Plantea el esquema de los nudos.

Germán García dirá que lo real no se puede captar sino por un rodeo, es no metabolizable por la palabra, pero hace hablar.

Finalmente la clase permitió ubicar, en su primera parte el sesgo freudiano del síntoma, con su costado “parlanchín” y su costado no metabolizable “roca viva de la castración”.

Mientras que la segunda parte de la clase en un sesgo más lacaniano, ubica lo simbólico del síntoma, su sentido; pero no se detiene en lo real del mismo, en el trauma. Sino que se entiende que, en el último momento de teorización lacaniana, ese punto se positiviza, es decir, es lo que hace hablar.

Comentario: Lorena Danieluk

viernes, 11 de julio de 2008

TIEMPO INTERSESION

Tiempo intersesión

Por Graciela Musachi

El divorcio del otro.
El antes y el después en la vida de un analizante está marcado por el “divorcio del otro”[1], sintagma con el que Lacan indica que cuando el otro toma la iniciativa es cuando se sufre el divorcio ya que, para el sujeto, es un fenómeno de retorno inesperado, no subjetivado y eso “puede producir efectos de neurosis de marca mayor”.

Así es, en efecto, en este caso ya que él se encontró un día con que ella dijo imprevistamente ¡basta!; eso fue “un trauma, algo nuevo, se rompió algo, una marca”; y ahora él, dando otra vuelta en sus dichos capta que, con su nueva mujer, es “una fiera al acecho, un perro con las orejas paradas” vigilando los signos de amor o desamor del otro, temiendo la repetición de la pérdida de amor.

En la sesión siguiente habla de su padre y la interpretación hace surgir una frase: “No irás más lejos que yo”. ¡Hallazgo!, la decía su padre cuando iban a cazar ya que temía que apareciera un animal salvaje o que él se perdiera.
Tercera sesión y primer momento de concluir: su padre no daba signos de amor, él lo seguía, esperarándolos sin saberlo
Tiempo después, al pasar, dice que su mujer esbozó una queja que le suena casi a elogio acerca de las decisiones que él toma ahora sin considerar su opinión.

Ella en mi cabeza[2]
Ciertos programas de radio dirigidos al llamado segmento ABC1 cuentan con sexólogos que promueven su profesión. Luego de describir médicamente los síntomas en cuestión, enumeran los posibles caminos a seguir: hablar sobre el problema con el partenaire, tomar cierta medicación, hablar con el sexólogo quien, probablemente, le recomiende realizar en su casa ciertos ejercicios solo o con su pareja para resolver el problema.
En un sentido aparentemente semejante se presenta la obra teatral de nuestro subtítulo, de autor vernáculo y de gran éxito en este momento. También tiene en su horizonte el divorcio del otro pero lo interesante es el “psicoanálisis” que pone en escena. La obra consta de tres personajes: un matrimonio y el psicoanalista de él. El protagonista, está atormentado por su surmoitié y se suscita el siguiente diálogo con su analista:

Klimovsky (analista): Grábeselo en la mente. Cada vez que esté por decir “Laura dice” o “Laura piensa”, deténgase. Es un ejercicio que le propongo.
Adrián: Un ejercicio...está bueno.(...) y si aparece Laura...
Klimovsky: Si aparece la opinión de Laura, se detiene.


El autor pone en escena lo que Jean-Claude Milner capta como uno de los paradigmas de nuestra época, el eje problema-solución. Si hay un problema, hay una solución. Parece de sentido común y efectivamente lo es.

Para quien pone títulos en el diario La Nación, esto se presta a la ironía. Al detallar las actividades del reciente Congreso Mundial de Psicoterapia en Buenos Aires y en el interior de un apartado sobre “Terapias más cortas y más focalizadas”, subtitula: “Tarea para el hogar”(lugar común de la ironía: la revista Veintitrés de Septiembre titula igual): “En los últimos años, diversas investigaciones vinculadas a la psicoterapia han demostrado la utilidad de asignarle al paciente una participación más activa en la resolución de aquellos problemas que lo llevan a la consulta.

Es lo que los psicoterapeutas llaman “trabajo intersesión”. (...). El terapeuta le asigna a su paciente ciertas tareas para que lleve adelante entre una sesión y la otra (...) como cambiar en alguna forma la modalidad habitual de tratarse para que pongan en práctica durante el tiempo intersesión”.[3]

Al analista no le basta, sin embargo, con ironizar sobre la dimensión educativa de estas terapias, como lo hace quien titula en un diario. Le es necesario, como lo hace Jacques-Alain Miller[4], verificar que estas terapias están hechas de sentido común porque son un “subproducto de la extrema standarización del psicoanálisis en Norteamérica” que pretende rehumanizarlo dada cierta neutralidad mortífera que orientaba ese psicoanálisis. Cabe preguntarse, empero, si nuestro contexto es el mismo.

Si seguimos el desarrollo de Ella en mi cabeza podemos encontrar una respuesta en una escena posterior a la ya citada:

Adrián: Según Laura, es un papelón lo que hice; una agresión gratuita, incalificable. ¡Perdón, esto último no debí haberlo dicho! Se me escapó. No me funcionó el stop; la opinión de Laura me la tendría que haber guardado. ¡Aunque en realidad, la que debió habérsela guardado es ella...!¡Me cago en el ejercicio!¿Cómo puede ser que esté tan subyugado por el degenerado ése?

Por otra parte, en el reciente Foro psi, uno de los representantes del cognitivismo local situó las coordenadas de nuestro contexto con pertinencia: sí, él es cognitivista pero formado en la UBA en los 60-70 y esto quiere decir que su formación básica es psicoanalítica e, incluso, lacaniana, con lo cual quería decir que tomaba nota de la función de la palabra y del campo del lenguaje en una dimensión que no se reducía al imperativo.

Por un lado, (el del “paciente”), no sólo el rasgo local deja un margen que no se deja subyugar fácilmente por el sentido común sino que cada quien sabe de la impotencia de variadas prácticas para tratar su síntoma y que las cosas no son lo que se quiere hacer parecer. Por el otro, (el del terapeuta), la entrada de las TCC se hace sobre un suelo completamente diferente del de su país de origen, un suelo psicoanalítico de variadas orientaciones.
Esto nos da un margen...de tiempo. Tiempo para dirigirnos a las nuevas generaciones, desprevenidas como están –por su propia experiencia del tiempo– respecto de la topología (del sujeto) y el tiempo (que le es consustancial)[5].

Trastorno
El “trabajo intersesión” parte de dos supuestos, uno sobre el lenguaje, otro sobre el tiempo, que se corresponden. Sobre el lenguaje, supone una univocidad que permitiría establecer objetivos acordados con el paciente en base a definiciones del problema a tratar mientras que la definición del problema no afecta ni es afectada por el tratamiento el cual también pone en juego un encuentro con lo real de los cuerpos, descontado en estos ejercicios. Es el eje problema-solución en acción.
Sobre el tiempo, supone una progresión de la cual las sesiones sólo serían una supervisión del efecto repetitivo del ejercicio. Es el uso del tiempo del sentido común en su dimensión de duración, de desarrollo continuado y su supuesta acción sobre los cuerpos.

El uso que Lacan hace del término “analizante” se refiere al tipo de “actividad” que produce el sujeto en el dispositivo analítico. Este trabajo analítico no se reduce a la serie de las sesiones[6] ya que prosigue fuera de ellas en un movimiento temporal de anticipación de la sesión por venir que se produce a expensas del saber del analizante y de retroacción sobre las definiciones de partida.
Quien ha sufrido el divorcio del otro produce en una sesión dos sintagmas ligados a la caza que, en la sesión siguiente, se revela como significante con valor de escrito por su “valor de perpetuarse más allá de las circunstancias que condujeron a enunciarlo”, significante necesario de la repetición que puede producir acumulación de saber pero el tiempo que está en juego para producir este saber no es progresivo sino que necesita de la escansión (“comporta la adquisición de un resultado parcial que, como tal, lleva a cabo una mutación del problema inicial”) implicada en el tiempo lógico.

Más tarde, este trabajo del analizante sobre la demanda de amor a su padre se verifica como un primer momento de concluir que tiene efectos en la relación con su partenaire Trastorno no sólo es confusión, enredo, desarreglo, desorden, desorganización, perturbación, tráfago, definición del diccionario que la desconfianza actual en el síntoma recoge pretendiendo reparar un humano-máquina. Trastorno es una novela de Thomas Bernhard. Un hijo acompaña a su padre médico mientras visita a sus enfermos y, entre la vida y la muerte, el abismo de la filiación muestra su abismo sin remedio... No hay problema –diría Miller citando a Queuille[7]–cuya falta de solución no pueda resolverlo.
Se verá así que el síntoma (en sentido analítico) se presenta como un ejercicio singular de tratamiento de este trastorno.

Graciela Musachi


[1] En Eric Laurent Entre transferencia y repetición Atuel Anáfora Bs.As.1994.
[2] Oscar Martínez, Editorial Atuel. Bs.As.2005.
[3]La Nación 28.8.2005.
[4] “La respuestas del psicoanálisis a las TCC” Página 12 11.8.2005.
[5] Jacques Laca: Seminario “La topología y el tiempo” (inédito).
[6] Jacques-Alain Miller:Los usos del lapso Paidos. Bs.As.2004
[7] Curso 3 y 10.12.2003.

FUENTE:
BLOG RENE http://bibliotecadelcentrodescartes.blogspot.com/

jueves, 10 de julio de 2008

El odio y....

El odio y otras pasiones del yo (*)
Por Germán García


De alegre soledad dulces despojos.

Quevedo

Yo pido un análisis y lo que me retorna es ello, algo impersonal en lo que no quiero reconocerme puesto que yo fui quien lo rechazó.

Algunos terapeutas, piadosos, ofrecen la primera persona del plural: nosotros. Pero cobijarse en ese nosotros no dura demasiado, ya que si somos nosotros los que hacemos el trabajo porque usted cobra y (una vez más) yo pago. Es que esa asimetría se establece por ello que, según Sigmund Freud, realiza sus mandatos a través del superyó.

Si yo ofrezco mi amor se me exige un saber que no tengo y que, al parecer, habla cuando yo hablo. Porque yo no sólo tengo la pasión del amor sino que padezco de esa otra pasión que es la ignorancia: no quiero saber nada. Y en especial, nada de nada. Y cuando, al fin, creo saber, algún sueño – ese vector inesperado de la palabra – viene a decir que ignoro ese goce que al fin es revelado y velado por el jeroglífico visual que intento relatar de la mejor manera. No, mejor relatarlo de cualquier manera. Incluso, no hace falta que yo relate nada y hasta puedo olvidar.

¿Qué hago yo con ese amor rechazado, con esa ignorancia que sabe y ese saber que ignoro? ¿Qué hago con ese goce que no me causa placer? Yo tengo otra pasión, el odio. Puedo odiar a quien se encuentra sentado en el infierno y al parecer no se quema.


A repetición


Yo digo y repito porque lo único que no se repite es la repetición misma; algo así fue dicho por alguien que sabía de estos asuntos. No soy yo.

Yo junto mis tres pasiones: el amor, el odio y la ignorancia. ¿Y qué hago? No puedo escribir un tango, ya están todos escritos. Podría escribir una novela de amor, en particular con un varón derrotado por los enigmas de la existencia de una mujer; caería bien entre tantas lectoras que gozarían de ese espectáculo. Yo no soy escritor, tampoco soy un budista zen que haría de las tres pasiones el nudo de un deseo ilusorio que tendría que extinguir.

Yo digo lo anterior y muchas cosas más. Incluso digo que odio a mi analista, quien estará seguro de que se trata de transferencia negativa porque tiene el psicoanálisis para tramar tanto sus respuestas como sus silencios.

Yo hablo de lo que estudio y deslizo que no sólo se trata de individuos (es evidente, exclama). Ahí afuera se lucha (por supuesto) y se acabó la sesión.

Yo puedo decir que no se trata del pasado y ser invitado a decir algo sobre el presente, el futuro o la eternidad. Qué más puedo esperar. Espere lo que desea. Yo diría que no basta. Así es.



Yo, los otros

Yo lo cuento a otros que me sugieren que cambie de analista, que algunos te orientan y te contienen como el tonel contenía a Diógenes.

No tienen el mal gusto de despedirte a mitad de una frase, exclamar cosas que no se sabe a qué de lo que uno dice responden. Hay analistas que se ocupan de sus pacientes con verdadera paciencia. Que no aplican teorías, que son humanos.

Yo respondo que algunas veces, no siempre, algo me orienta y cuando me angustio la calma de otro – que no es indiferencia – me calma. Yo me cayo porque ello (s) parecen preguntar de qué me quejo.

El odio apunta al ser del otro, a ese semblante (perdón por la palabra) que se sustrae a la verdadera comunicación, que mantiene una vacilación calculada, que se sostiene en el malentendido, que una palabra cualquiera le parece preciosa y otro día no se interesa por ninguna de ellas. Lo que se dice ahora se entiende después. Yo quiero sacarle algo, nada que ver son la sabiduría porque sus opiniones no van a cambiar mi vida. Con las contingencias del pasado y un poco de libertad presente, inventar un futuro necesario. Muy bonito.

Yo, alguna vez, lloro lágrimas que valen oro pero no es un argumento.

No es que sólo se trate de ello porque yo dejo de asustarme de la angustia y algunas veces cambio la culpa por la vergüenza, es decir, tengo otras pasiones que me sacan de la espera.

Una salida que es dos.

Dejar de esperar, andar sin pensamientos; como dice un tango que yo gustaba escuchar antaño, cuando andaba con pensamientos. Yo pensar, nada habita ese infinitivo y nadie piensa ahí.

Yo me analicé dos veces: la primera entre 1968 y 1973; la segunda entre 1982 y 1991. Fueron dos análisis muy diferentes, con dos analistas también muy diferentes. Yo era el mismo, pero no tenía las mismas inquietudes.

Cada uno de esos analistas respeto y creo entender que es porque respeto la experiencia realizada.

Más allá de los atolladeros del amor, el odio y la ignorancia se puede vislumbrar que yo es otro – como escribió un poeta – que la intimidad es exterior, que alguien puede orientar hacia una salida, pero que sólo se puede salir si uno camina. Es un hecho simple que tiene sus alegrías, aunque uno sea incurable.

* Publicado en Lamujerdemivida - Cultura de otra manera. “Por qué odiamos a los psicoanalistas”, Invierno 2008.

miércoles, 9 de julio de 2008

LA INVENCION DEL ANALISTA EN EL MERCADO EVALUADO

Intervención en la mesa "La Invención del analista. Habilitación-Formación-Autoridad"

por Enrique Acuña

Cuando pensamos en organizar esta mesa invitamos, y aquí están, personas de la universidad, de los colegios profesionales, de la enseñanza del psicoanálisis. El tema de la formación de los analistas esta hoy en relación con este texto “La invención del analista”(1) de Germán García, que funciona como documento de trabajo que servirá a nuestro debate.

1-Mercado evaluado

Estamos en una época que se podría caracterizar como del mercado evaluado. Habría que precisar que “rasgo local” se impone sobre lo globalizado de la cuestión en un momento que predomina el Ideal regulador antes que saber del objeto de cada práctica. Ese ideal toma la forma de profesiones que se imaginan como pragmaticas para medir las clínicas, con especialistas de los sujetos que hablan.

Este diagnóstico de situación (término que gustaba a Sartre) se refiere a las nuevas conciencias que portan el saber y otras que desconocen, desdichadas, en el sentido hegeliano.

En psicoanálisis partimos de una demanda de curación de un sufriente y luego podría existir una demanda de formación clínica, una demanda de enseñanza en psicoanálisis, del querer hacerse un analista. Esa demanda puede partir de cierta desorientación causada por el abanico de los saberes que incluye al psicoanálisis dentro del programa de la Universidad –ejemplo en nuestra ciudad del profesional psicólogo- un modo en que se puede ubicar un nuevo "desorientado".

La orientación lacaniana es el título de un curso anual de Jacques-Alain Miller para referirse a la enseñanza de Lacan, pero resulta que el psicoanálisis es ya un saber mas que se oferta en la sociedad hipermoderna. Supongamos que una persona despierta por la difusión del psicoanálisis en la universidad y se dirige a un analista en demanda de formación (recordemos que la IPA imponía en su selección de candidatos el análisis didáctico). La división del saber como algo que se ignora introduce una división del sujeto ($) que organiza su deseo de saber.

En su des-identificación inicial el desorientado busca significantes amos, luego en la enseñanza busca la jerga como contraseña que lo simbólico permite para la significación de una pertenencia grupal. Ahora bien, resulta que el relativismo posmoderno relanza nuevos significantes amos que se ofrecen en el mercado de valores (desde la vidriera que permiten los consumos mediáticos), eso podría acrecentar el “síntoma formación”.

En el seminario XVI, De un Otro al otro hay un capítulo que se llama El mercado del saber huelga de la verdad, Lacan propone que la universidad después del mayo `68, ha dejado como resto de la operación de la revolución burguesa al estudiante como un producto dividido ($) . Este sujeto busca nuevos amos en la revolución entendida como "volver a..." que no subsiste sin el programa de un nuevo amo (S1) que estaría conectado al saber (S2). China o Rusia eran en ese momento realidades politicas alternativas como organizadores de la civilización, pero es solo bajo el dominio de la democracia donde todos tenemos derecho a estar desorientados y en consecuencia, con derecho a la propiedad del síntoma. Entonces, la experiencia analitica puede quedar velada por esa apelación a “tener un saber”.

2-Conflicto de saberes :desorientados, minusvalidos e inconscientes

Germán García comenta aquí el texto de Kant “El Conflicto de las facultades” y el traspaso histórico de esa tensión que se demuestra en Kant -la teología versus la filosofía- diferente a Freud -entre la ciencia y la religión-. Mas allá, se trata de la política del inventor de resguardar su invento de los médicos y los sacerdotes con la creacion de la IPA, una Asociación de Psicoanálisis como ámbito adecuado a su objeto.

Ahí García cita Freud: “El l 25 de noviembre de 1928, en una carta a Oskar Pfister, Freud desliza una revelación: “No sé si ha adivinado usted la relación oculta entre Análisis laico y El porvenir de una ilusión. En el primero quiero proteger al análisis frente a los médicos, y en el otro frente a los sacerdotes. Quisiera entregarlo a un grupo profesional que no existe aún, al de pastores de almas ‘profanos’ que no necesitan ser médicos y no deben ser sacerdotes”.

Hay un texto de Kant sobre el problema del minusválido del saber. Dice Kant en este texto que se llama ¿Que es la ilustración? (2), de 1784 :"La Ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad".

La ilustración, significante amo en la era de la razón, da un saber que entra como un valor de cambio y circula en una ciudad, es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro.
Dice: “Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia, sino en la falta de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella. Servirse sin la tutela de otro. (La máxima kantiana aquí es: saperere aude, atrévete a saber). Ten el valor de servirte de tu propia razón, he aquí el lema de la ilustración.”

Observemos que los desorientados de la época de la luces apelaban a la razón ilustrada como un programa que permitía un hacer con el ciudadano y sus costumbres cotidianas. Habría un lema moral como modo de regular su goce cotidiano. Los programas del conocimiento cultural generan un automaton –el estilo de vida ya determinado-; brújula para el desorientado que como el minusvalido, no se atreve a saber.

Entonces la formación del analista hoy debería estudiar esta articulación, la cruz, y el nudo que hay entre los "programas de la cultura" como determinados sin tyche y los otros donde se cruza lo real del acontecimiento imprevisto como parte del "programa del inconsciente" que se manifiesta en sus formaciones. La invención del analista implica que él mismo es parte del concepto de inconsciente y ademas autor de la explicación de los efectos que produce.

El lenguaje pone un programa que regula o des-regula el goce de aquel que se plantea como consumidor de algo. El siglo XXI a diferencia de la Ilustración –donde la ciencia era una novedad- ya incluye al psicoanálisis en su menú de saberes pret-a-porter, tanto que irónicamente los colegios “psi” lo ofrecen como una "especialización", evitando encontrarse con el analista como una formación del inconsciente y la autorización que de ese atravezamiento surga o no, dentro de una cura.


Este siglo tampoco es el de Freud en una Viena con un rostro victoriano y otro en el progresismo de la socialdemocracia. Ni el de Lacan que en este seminario de 1968 (3) donde analiza los problemas con la universidad y eleva su malestar a un discurso (el universitario), que choca con la impotencia del sujeto con la verdad. Que sea un discurso lo saca de su aspiración profesional, de modo que puedo decir un discurso universitario sin estar en la universidad. Por ejemplo se ofrece un programa de enseñanzas en un Instituto de psicoanálisis como el I.O.M. (Instituto Oscar Masotta) se promueve un agente que en el lugar del saber esclarezca los conceptos fundamentales.

Quiere decir que no siempre los programas de enseñanza del psicoanálisis producen analizantes, de modo que el mercado de saber como profesión y habilitación jurídica hace "huelga de la verdad". Pero para existir se requiere una cierta certificación, donde el estudiante o el investigador es una “unidad de valor” en ese mercado de consumidores del saber. En el otro polo de la misma cuerda tensa está el analizante que no consume información sino que adquiere cierto gusto -afecto- sobre las formaciones del inconciente.

3 -Habilitación-Formación-Autoridad.

La habilitación es el problema de cómo se pone en juego en determinados ámbitos la profesión como deontológica. El psicoanálisis es un campo de especificidad objetiva y no de especialistas de trastornos, objetiva en el sentido que vamos hacia un objeto que no esta dado de antemano que es ese objeto a, como objeto que agujerea todo saber comercializable en el circuito de valores como valor de cambio ya que implica un goce que es usufructo de cada uno solo.

Nuestro campo analítico tiene sin embargo esta paradoja: requiere de la elaboración del saber como Universitario, luego que gira por el histérico, que buscó para orientarse e identificarse a un discurso Amo y se encontró con otro extraterritorial que es el analítico. Solo ahí se hace posible la experiencia de saber sobre la verdad hasta su límite lógico. Pero considerar el goce es algo menos útil como valor de cambio en el mercado de saber sino que sirve para captar una causa que estaba vacía. La formación del analista, es la de la creación de una especie no identificable.

¿Cómo enseñar, con qué programa y donde?. La APA hasta los 70 decía que los psicólogos podían hacer tests como auxiliares de los médicos, luego una ley dio la revancha de los psicólogos. Pero para nosotros no se trata de médicos ni de psicólogos, sino de tratar con el “concepto del analista” que no tiene una esencia, ni substancia ni principios a priori. Para eso Lacan tiene “la suspensión del buen gusto” por el pase; es decir deja sus prejuicios en aras de un procedimiento de selección en una Escuela donde el cándido sorprende. También se controla, se analiza, se investiga. El “dónde” quiere decir que el ámbito determina la selección y ahí tenemos un problema que lo plantea muy bien un libro de Bochensky que se llama ¿Qué es la autoridad? (4)

4-Ambito y autoridad

En su “Nota Italiana” Lacan es paradojal diciendo que solo el analista se autoriza a sí mismo, en el ámbito de una Escuela. Y ese campo que funda Lacan, que es el ámbito de su Escuela permite autorizar analistas a partir de la tríada supervisión, enseñanza y el análisis. Pero Lacan en ése triángulo clásico de la IPA introduce un agujero que descompleta como objeto a .

"Ese" analista del psicoanálisis en intención es a-conceptual, no tiene ningún concepto, vaciado de una escencia fundamental y se inventa según su deseo - el del analista. Entra en un programa nuevo que es el programa del inconsciente del cual debe dar testimonio de ser tocado en su máxima diferencia.

Volviendo al texto de G.García, cito: “En la actualidad lo que difunde la Universidad está “limitado” por la nominación propuesta por la Escuela y por la enseñanza que difunde este nudo: Universidad/Instituto/Escuela. Sin olvidar la “base” que forman las Bibliotecas, capaces de difundir lo que los “programas’ oficiales excluyen.”

Con esta tríada, supeditamos la autoridad del analista al ámbito de una Escuela pero a un programa que no es solo el programa de la Cultura como lo intercambiable, ni de la enseñanza formalizada, sino el programa de su formaciones del inconsciente, que hacen fracasar cualquier calculo mercantil evaluativo.

Lo que se extrae como éxtimo de conocimiento autoritario es el deseo del analista. En esos tres ámbitos que pueden entrar en conflicto (Universidad/ Instituto/ Escuela) lo que se pone en juego es la subversión del programa de un conocimiento profesional hacia el saber de un goce que ya no haga huelga a la verdad.

Aún en las ciudades de estudiantes con revoluciones inconclusas, la invención del analista supone crear dispositivos donde el ámbito determine la autoridad epistémica que permita una política de no titularse de antemano sino inventarse cada vez.-

(1)-García, Germán: "La invención del analista o la suspención del buen gusto". Revista Lacaniana Nº 7 .EOL. Bs. As., 2007.-

(2)-Kant, Emanuel: "Qué es la Ilustración?" en Filosofia de la Historia. Ed. FCE.

(3)-Lacan, Jacques: Seminario XVI. De un Otro al otro. Ed. Paidos, Bs.As. 2008.-

(4)-Bochenski, J.M.: ¿Qué es la autoridad?. Ed. Herder, Barcelona, 1990.-

Reportaje a Eric Laurent

Los intelectuales del mundo y LA NACION

"Hemos transformado el cuerpo humano en un nuevo dios"

Laurent: "Ahora se toman remedios psiquiátricos como recreo" Foto: Fabián Marelli

"Hoy lo que tenemos en común no es el lazo social ni el lazo político ni el religioso, sino nuestro cuerpo, nuestra biología. Hemos transformado el cuerpo humano en un nuevo dios: el cuerpo como última esperanza de definir el bien común. A mí me parece que esto es el prototipo de las falsas creencias", afirma el reconocido psicoanalista francés Eric Laurent.

Laurent, nacido en París en 1945 y uno de los más destacados discípulos de Jacques Lacan, critica el espíritu cientificista y mecanicista de esta época. "Ahora que no está más la garantía de Dios hay una garantía en el cuerpo. Este es, supuestamente, el fundamento de una ciencia de la felicidad. Gracias a las nuevas tecnologías, los neurólogos nos ofrecen imágenes en las que podemos ver el centro de la felicidad. Eso es muy fascinante. Sin embargo, las respuestas rápidas que ofrecen las neurociencias a los conflictos psíquicos son falsas", dijo Laurent, máximo responsable de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, durante una entrevista con LA NACION en su última visita a Buenos Aires.

"En nuestra sociedad existe la idea de que todo puede ser reducido al mundo técnico. Es un protocolo maquinista", sostuvo. Autor de numerosos libros (12 de los cuales han sido publicados en español), Laurent es profesor de posgrado en el Departamento de Psicoanálisis de la Universidad de París VIII, prestigiosa institución donde dictaron clases intelectuales como Michel Foucault, Gilles Deleuze, Alain Badiou y Lacan.

Amable y efusivo, Laurent opina que un ejemplo del espíritu mecanicista de la época se puede ver en la actuación de Estados Unidos en Irak: "Intentó constituir un Estado democrático, en un laboratorio. Pasó del modelo de laboratorio al país sin pensar en la gente. Esta concepción técnica del mundo no deja de producir catástrofes".


-Usted describe la civilización actual como individualismo de masa. Esta sociedad genera, según sus dichos, excesos y exclusión. ¿Qué respuestas tiene el psicoanálisis para los marginados del sistema?
Todos son sujetos que están excluidos de la relación económica. Los cartoneros, por ejemplo, tratan con los restos que quedan del consumo: ellos mismos se encuentran reducidos a eso. Tratan con lo excluido y son excluidos. El objeto fundamental producido por nuestra civilización es la basura. Y estas personas son, de la misma manera, usadas y rechazadas. Lo que decimos frente a estos modos de expulsión es que los excluidos no lo están en el plano de la lengua. Hablan, son seres humanos, son seres parlantes.

-¿Cómo se los puede recuperar?

-Dándoles la palabra. A pesar de que no tienen poder adquisitivo, tienen el poder de encontrar una solución.

-Esta imposibilidad de acceder al consumo genera violencia. ¿Cree que esta sociedad es más violenta que las anteriores?

-No es que haya más violencia, sino más tecnología de la violencia. Se ha construido una sociedad de vigilancia generalizada; entonces, se genera más violencia, para superar esas defensas. Es una cuestión de tecnología. Nos rodea un mundo tecnológico donde la violencia se vuelve más eficaz en su carácter destructivo. Es una eficacia negativa, es pulsión de muerte, la parte maldita...

-Entre las víctimas de esta violencia, los más débiles son los niños. ¿Dónde quedan ubicados en este escenario?

-Los chicos pueden sentirse abandonados a sí mismos y a su propia violencia. Hay algo vinculado a la condición humana en esta violencia. El hombre es un animal violento. Los niños se sienten abandonados a la violencia que tienen en ellos. Antes se los mandaba a la guerra; ahora se los manda a las escuelas, pero esas escuelas tienen problemas de autoridad. Hay que encontrar nuevos modelos que ayuden a la juventud a atravesar la adolescencia. La culpa es nuestra, no de los niños. No hemos sabido inventar los rituales apropiados que puedan ayudar a un joven violento a encontrar salidas que no sean autodestructivas o destructivas para los demás.

-Por ejemplo

-En el siglo XIX, los ingleses, cuando tuvieron que pasar a la educación de masas, inventaron el deporte de masas, el fútbol. En ese sentido, deberíamos inventar el nuevo deporte del siglo XXI, un nuevo ritual que al mismo tiempo fuera una práctica del cuerpo y que permitiera la socialización.

-Uno de los refugios que parecían irreductibles eran las familias. ¿No lo son ya?

-Hoy tenemos familias recompuestas, monoparentales y de personas sueltas. Tenemos también las familias compuestas por parejas del mismo sexo. Son modos de mantener un deseo de familia. No se puede decir que la familia no es más un objeto de deseo: más bien es un objeto de deseo sobre formas múltiples, que no está regulado por la tradición.

-Y en esas familias, ¿qué lugar ocupa esta figura que siempre fue central para el psicoanálisis, el padre?

-Un cambio de esta época es la desautorización de las prohibiciones. Recuerdo el famoso eslogan de fines de los años 60: "prohibido prohibir". Hoy hay una desautorización de la autoridad, del modelo tradicional de la autoridad. La figura del padre fue trastrocada: hoy su función es cargarse de la culpa de prohibir. Esto lo vemos en la extensión de los trastornos de atención, en las adicciones. Lo que parece estar extendiéndose son las patologías de acciones, no las patologías derivadas de la prohibición.

-¿Cuáles son estas patologías de acciones?

-Vemos cada día más gente desaforada en los shoppings, gente que no puede parar de comprar. Si la felicidad es tener tanto como los demás, hay que endeudarse de manera excesiva para tener más, sin pensar, sin tener en cuenta las consecuencias.

-¿El psicoanálisis está en contra del uso de medicamentos para ciertas patologías?

-El psicoanálisis es un discurso que evoluciona. En el siglo XIX era una práctica que se ejercía en una civilización en la cual no existían los fármacos psiquiátricos. Pero ahora todo el mundo toma fármacos. Por enfermedad, por trastornos, de forma preventiva, por las dudas... Toma medicación que sirve de recreo.

-¿A qué le llama "recreo"?

-A la automedicación, la medicación consumida fuera de una indicación médica precisa. Se utilizan, por ejemplo, remedios que supuestamente están hechos para tratar la disfunción de la erección en el hombre y se los utiliza con la fantasía de mejorar las performances sexuales. Estamos en una civilización en la cual el uso de fármacos está muy presente. El psicoanálisis sólo constata que su discurso opera en una civilización que ha cambiado completamente.

Por Virginia Arce
Para LA NACION
Con la colaboración de Cecilia Diwan

miércoles, 2 de julio de 2008

LA ANGUSTIA Y EL SINTOMA (3ra. clase del IOM)


Instituto Oscar Masotta

Delegación Posadas

Seminario clínico: Inhibición, Síntoma y Angustia.

3º clase: Captación de la angustia por el síntoma. Restricción funcional vs. sustitución.

Dictada por Marcela Romero

13-14 de junio de 2008

Captación de la angustia por el síntoma. Restricción funcional del yo versus sustitución, fue el título de la tercera clase del seminario Inhibición, síntoma y angustia dictado en la delegación Posadas del Instituto Oscar Masotta. La clase estuvo a cargo de Marcela Romero, responsable de la delegación Paraná del IOM quien realizó una articulación de las conferencias 17 “el sentido de los síntomas”, 23 “los caminos de formación de síntomas” y el texto “inhibición síntoma y angustia” a partir dela artículo de Enrique Acuña “La captación de la angustia por el síntoma”, que dio título a la clase.. En esta articulación fue marcando las distintas concepciones sobre el síntoma que se presentan en la teoría de Freud, puntuando que lugares y modos fue tomando la angustia; señalando las instancias de coincidencia – divergencia entre Freud y Lacan y mostrando como, sobre la base de estas, Lacan llega a la conceptualización de la noción de goce y la creación del objeto a.

En el desarrollo freudiano sobre el síntoma, Marcela Romero distingue un primer momento en el cual predomina el dualismo, y luego, a partir de 1920 aparecen tres términos, esto sería el segundo momento. Lacan señala que la tríada freudiana Inhibición, síntoma y angustia se correlaciona con lo real, lo simbólico y lo imaginario en su teoría.

En la conferencia 23 Freud articula la vía del sentido, y la de la sexualidad infantil. Señala Marcela Romero que sobre esta articulación Lacan desarrolla las nociones de goce, satisfacción y objeto a.

La docente invitada puntúa los rodeos de la libido en la formación de síntomas siguiendo la conferencia 23. Freud encuentra la fantasía y más allá de ellas un punto de fijación que es real. Es decir que si la libido regresa es porque algo la atrae, el trauma, que es el punto de real. El último rodeo de la libido es del síntoma al fantasma. Fantasma es un concepto lacaniano, la posición del sujeto frente al objeto a, al trauma original. Esa es la dinámica que propone Lacan, tratar de ver el punto de goce en el síntoma.

Al referirse a la satisfacción libidinal en el síntoma, señala que se trata de una satisfacción que no se confunde con el placer, esto permite entrever en la teoría Freudiana, el concepto lacaniano de goce, la formula del goce es libido + pulsión de muerte + displacer.

- La clínica de los tres registros

Marcela Romero explica que los seminarios de Lacan se pueden agrupar en tres momentos según que registros privilegia en cada uno. En los primeros seminarios del 1 al 4 trabaja la libido desde el plano imaginario; del seminario 5 al 10 se centra en lo simbólico, en el lenguaje. A partir del seminario 10, trabaja el registro real y evoluciona hacia la concepción de los tres registros entrelazados y consecuentemente hacia una clínica de los tres registros anudados.

A estos fines elabora el esquema Lamda donde plantea un cruce entre lo imaginario y lo simbólico. Este esquema es el paso previo al grafo del deseo, donde ubica un piso del significante y uno de la pulsión, de este modo articula las dos vías que plantea Freud: la palabra, el sentido y lo pulsional.

Hay entonces, un desplazamiento de Freud a Lacan de la clínica centrada en el conflicto (entre el yo y el ello, el síntoma como solución de compromiso) hacia una unificación con la triada de los registros, ir más allá, es decir apuntar a ver que hay de real en juego en el síntoma.

Explica la docente que ver lo real en el síntoma lleva Lacan hacia lo que llama el sinsentido del síntoma; ya que aunque Freud al inicio habla del sentido de los síntomas a lo largo de su teoría comienza a desarticularse esa noción cuando habla de la libido atrapada en el síntoma.


- Inhibición, síntoma y angustia

Marcela Romero señala que Freud intenta ubicar un vínculo entre la formación de síntomas y la angustia; en Neurosis Actuales, los síntomas están causados por una situación actual y externa al sujeto. En las neurosis de angustia la causa es interna y por represión se genera la angustia automática y se forma el síntoma. En “Inhibición síntoma y angustia” la angustia ya no es una descarga automática, está ligada a una causa, una situación traumática que funciona como motor de la represión, generando el síntoma.

Freud se refiere a la inhibición como limitación funcional del yo. La inhibición, indica que la función en cuestión está erotizada, y eso genera angustia, es decir que la pulsión invadió esta función de tal manera que el yo ,mostrado aquí como débil, no puede tramitar esa pulsión, al dejarla el yo no siente la angustia. Al interrogar esa impotencia se puede ver que el deseo está en juego en la inhibición.

Luego pasa de la concepción del yo débil, a un yo potente. El síntoma traduce los avances del yo sobre la pulsión, dado que para Freud el síntoma impide la satisfacción pulsional. Señala Romero que se puede ver como Freud se dirige hacia lo pulsional y va dejando de lado lo significante del síntoma.

Lacan alude a este texto para comenzar su clínica borromeana en el seminario 10, porque Freud se ocupa más de la libido en términos económicos y no tanto en términos semánticos.

Refiriéndose al síntoma fóbico, Marcela Romeo sitúa una particularidad de las fobias en la actualidad: la indiferenciación de los objetos fóbicos en las claustrofobias y agorafobias que están relacionadas al espacio y la locomoción. Opina que esto puede suceder como efecto de la globalización de la comunicación que plantea nuevas dimensiones de tiempo y espacio. Las filosofías actuales de exitismo y felicidad piden el refuerzo del yo, y aquí reside el punto para poder pensar los síntomas actuales.

- El objeto como perdida y como plus

Lacan sostiene que su único invento es el objeto a, Marcela Romero opina que el pase también es una creación de Lacan ya que Freud encuentra una dificultad en llegar al fin de análisis, el límite es la roca viva de la castración. Lacan crea el pase, dispositivo que tiene el objetivo de demostrar que la lógica lacaniana del final de análisis es posible y da como resultado una analista. La orientación lacaniana es apuntar hacia el fin de análisis.

En cuanto a la concepción del objeto en Freud y en Lacan, Romero explica que para Freud en el origen de la situación traumática hay una perdida de objeto, la rememoración de esta perdida primaria produce angustia. Lo que angustia para Lacan es la falta de falta, la ausencia esta. Esto se entiende teniendo en cuenta que Lacan define al sujeto con una falta estructural, esa falta es un agujero que produce algo, esto es el deseo del sujeto, la subjetividad. Que algo ocupe el lugar de la falta, produce la angustia.

Freud plantea tres objetos: 1- objeto externo; es el objeto de la percepción (objet) 2- objeto de la fantasía que es interno (die sache) 3- objeto que surge de la diferencia de los otros dos (das ding) resto que queda entre el objeto de la realidad y el de la fantasía. Este último es el objeto perdido, es un elemento de cuantum pulsional que no corresponde a una representación., esto es, en Lacan, lo real.

La primera experiencia de satisfacción, la correspondencia entre la demanda y la satisfacción, produce el das ding, objeto perdido. Este das ding, que es la prefiguración del objeto a, es un menos porque es un agujero, pero es un mas porque inaugura el inconsciente, deja una huella, en términos de Freud, y produce la liberación de la libido.

Marcela Romero señala que para Lacan el objeto a es, en primer término, objeto causa de deseo dado que porque existe la falta, es que existe el deseo y lo que lo causa es el objeto a. Cuando algo de la pulsión, tapa la falta, se produce la angustia. Razón por la cual la angustia para el psicoanálisis a diferencia de las otras corrientes, es una herramienta ya que orienta hacia el deseo.

Finalizando, Marcela Romero concluye que en psicoanálisis se trata de apunta a ver cual es el modo de goce del sujeto para que se encuentre con el y haga algo diferente con él. En la operación analítica se apunta al sinsentido, a no cerrar un sentido, sino a esperar la producción del sujeto. Apuntar al sinsentido entonces, tiene que ver con la posición del analista y con su deseo, con creer que hay un inconsciente y un goce que va a aparecer.


Comentario: Adriana Gómez