miércoles, 9 de julio de 2008

LA INVENCION DEL ANALISTA EN EL MERCADO EVALUADO

Intervención en la mesa "La Invención del analista. Habilitación-Formación-Autoridad"

por Enrique Acuña

Cuando pensamos en organizar esta mesa invitamos, y aquí están, personas de la universidad, de los colegios profesionales, de la enseñanza del psicoanálisis. El tema de la formación de los analistas esta hoy en relación con este texto “La invención del analista”(1) de Germán García, que funciona como documento de trabajo que servirá a nuestro debate.

1-Mercado evaluado

Estamos en una época que se podría caracterizar como del mercado evaluado. Habría que precisar que “rasgo local” se impone sobre lo globalizado de la cuestión en un momento que predomina el Ideal regulador antes que saber del objeto de cada práctica. Ese ideal toma la forma de profesiones que se imaginan como pragmaticas para medir las clínicas, con especialistas de los sujetos que hablan.

Este diagnóstico de situación (término que gustaba a Sartre) se refiere a las nuevas conciencias que portan el saber y otras que desconocen, desdichadas, en el sentido hegeliano.

En psicoanálisis partimos de una demanda de curación de un sufriente y luego podría existir una demanda de formación clínica, una demanda de enseñanza en psicoanálisis, del querer hacerse un analista. Esa demanda puede partir de cierta desorientación causada por el abanico de los saberes que incluye al psicoanálisis dentro del programa de la Universidad –ejemplo en nuestra ciudad del profesional psicólogo- un modo en que se puede ubicar un nuevo "desorientado".

La orientación lacaniana es el título de un curso anual de Jacques-Alain Miller para referirse a la enseñanza de Lacan, pero resulta que el psicoanálisis es ya un saber mas que se oferta en la sociedad hipermoderna. Supongamos que una persona despierta por la difusión del psicoanálisis en la universidad y se dirige a un analista en demanda de formación (recordemos que la IPA imponía en su selección de candidatos el análisis didáctico). La división del saber como algo que se ignora introduce una división del sujeto ($) que organiza su deseo de saber.

En su des-identificación inicial el desorientado busca significantes amos, luego en la enseñanza busca la jerga como contraseña que lo simbólico permite para la significación de una pertenencia grupal. Ahora bien, resulta que el relativismo posmoderno relanza nuevos significantes amos que se ofrecen en el mercado de valores (desde la vidriera que permiten los consumos mediáticos), eso podría acrecentar el “síntoma formación”.

En el seminario XVI, De un Otro al otro hay un capítulo que se llama El mercado del saber huelga de la verdad, Lacan propone que la universidad después del mayo `68, ha dejado como resto de la operación de la revolución burguesa al estudiante como un producto dividido ($) . Este sujeto busca nuevos amos en la revolución entendida como "volver a..." que no subsiste sin el programa de un nuevo amo (S1) que estaría conectado al saber (S2). China o Rusia eran en ese momento realidades politicas alternativas como organizadores de la civilización, pero es solo bajo el dominio de la democracia donde todos tenemos derecho a estar desorientados y en consecuencia, con derecho a la propiedad del síntoma. Entonces, la experiencia analitica puede quedar velada por esa apelación a “tener un saber”.

2-Conflicto de saberes :desorientados, minusvalidos e inconscientes

Germán García comenta aquí el texto de Kant “El Conflicto de las facultades” y el traspaso histórico de esa tensión que se demuestra en Kant -la teología versus la filosofía- diferente a Freud -entre la ciencia y la religión-. Mas allá, se trata de la política del inventor de resguardar su invento de los médicos y los sacerdotes con la creacion de la IPA, una Asociación de Psicoanálisis como ámbito adecuado a su objeto.

Ahí García cita Freud: “El l 25 de noviembre de 1928, en una carta a Oskar Pfister, Freud desliza una revelación: “No sé si ha adivinado usted la relación oculta entre Análisis laico y El porvenir de una ilusión. En el primero quiero proteger al análisis frente a los médicos, y en el otro frente a los sacerdotes. Quisiera entregarlo a un grupo profesional que no existe aún, al de pastores de almas ‘profanos’ que no necesitan ser médicos y no deben ser sacerdotes”.

Hay un texto de Kant sobre el problema del minusválido del saber. Dice Kant en este texto que se llama ¿Que es la ilustración? (2), de 1784 :"La Ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad".

La ilustración, significante amo en la era de la razón, da un saber que entra como un valor de cambio y circula en una ciudad, es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro.
Dice: “Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia, sino en la falta de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella. Servirse sin la tutela de otro. (La máxima kantiana aquí es: saperere aude, atrévete a saber). Ten el valor de servirte de tu propia razón, he aquí el lema de la ilustración.”

Observemos que los desorientados de la época de la luces apelaban a la razón ilustrada como un programa que permitía un hacer con el ciudadano y sus costumbres cotidianas. Habría un lema moral como modo de regular su goce cotidiano. Los programas del conocimiento cultural generan un automaton –el estilo de vida ya determinado-; brújula para el desorientado que como el minusvalido, no se atreve a saber.

Entonces la formación del analista hoy debería estudiar esta articulación, la cruz, y el nudo que hay entre los "programas de la cultura" como determinados sin tyche y los otros donde se cruza lo real del acontecimiento imprevisto como parte del "programa del inconsciente" que se manifiesta en sus formaciones. La invención del analista implica que él mismo es parte del concepto de inconsciente y ademas autor de la explicación de los efectos que produce.

El lenguaje pone un programa que regula o des-regula el goce de aquel que se plantea como consumidor de algo. El siglo XXI a diferencia de la Ilustración –donde la ciencia era una novedad- ya incluye al psicoanálisis en su menú de saberes pret-a-porter, tanto que irónicamente los colegios “psi” lo ofrecen como una "especialización", evitando encontrarse con el analista como una formación del inconsciente y la autorización que de ese atravezamiento surga o no, dentro de una cura.


Este siglo tampoco es el de Freud en una Viena con un rostro victoriano y otro en el progresismo de la socialdemocracia. Ni el de Lacan que en este seminario de 1968 (3) donde analiza los problemas con la universidad y eleva su malestar a un discurso (el universitario), que choca con la impotencia del sujeto con la verdad. Que sea un discurso lo saca de su aspiración profesional, de modo que puedo decir un discurso universitario sin estar en la universidad. Por ejemplo se ofrece un programa de enseñanzas en un Instituto de psicoanálisis como el I.O.M. (Instituto Oscar Masotta) se promueve un agente que en el lugar del saber esclarezca los conceptos fundamentales.

Quiere decir que no siempre los programas de enseñanza del psicoanálisis producen analizantes, de modo que el mercado de saber como profesión y habilitación jurídica hace "huelga de la verdad". Pero para existir se requiere una cierta certificación, donde el estudiante o el investigador es una “unidad de valor” en ese mercado de consumidores del saber. En el otro polo de la misma cuerda tensa está el analizante que no consume información sino que adquiere cierto gusto -afecto- sobre las formaciones del inconciente.

3 -Habilitación-Formación-Autoridad.

La habilitación es el problema de cómo se pone en juego en determinados ámbitos la profesión como deontológica. El psicoanálisis es un campo de especificidad objetiva y no de especialistas de trastornos, objetiva en el sentido que vamos hacia un objeto que no esta dado de antemano que es ese objeto a, como objeto que agujerea todo saber comercializable en el circuito de valores como valor de cambio ya que implica un goce que es usufructo de cada uno solo.

Nuestro campo analítico tiene sin embargo esta paradoja: requiere de la elaboración del saber como Universitario, luego que gira por el histérico, que buscó para orientarse e identificarse a un discurso Amo y se encontró con otro extraterritorial que es el analítico. Solo ahí se hace posible la experiencia de saber sobre la verdad hasta su límite lógico. Pero considerar el goce es algo menos útil como valor de cambio en el mercado de saber sino que sirve para captar una causa que estaba vacía. La formación del analista, es la de la creación de una especie no identificable.

¿Cómo enseñar, con qué programa y donde?. La APA hasta los 70 decía que los psicólogos podían hacer tests como auxiliares de los médicos, luego una ley dio la revancha de los psicólogos. Pero para nosotros no se trata de médicos ni de psicólogos, sino de tratar con el “concepto del analista” que no tiene una esencia, ni substancia ni principios a priori. Para eso Lacan tiene “la suspensión del buen gusto” por el pase; es decir deja sus prejuicios en aras de un procedimiento de selección en una Escuela donde el cándido sorprende. También se controla, se analiza, se investiga. El “dónde” quiere decir que el ámbito determina la selección y ahí tenemos un problema que lo plantea muy bien un libro de Bochensky que se llama ¿Qué es la autoridad? (4)

4-Ambito y autoridad

En su “Nota Italiana” Lacan es paradojal diciendo que solo el analista se autoriza a sí mismo, en el ámbito de una Escuela. Y ese campo que funda Lacan, que es el ámbito de su Escuela permite autorizar analistas a partir de la tríada supervisión, enseñanza y el análisis. Pero Lacan en ése triángulo clásico de la IPA introduce un agujero que descompleta como objeto a .

"Ese" analista del psicoanálisis en intención es a-conceptual, no tiene ningún concepto, vaciado de una escencia fundamental y se inventa según su deseo - el del analista. Entra en un programa nuevo que es el programa del inconsciente del cual debe dar testimonio de ser tocado en su máxima diferencia.

Volviendo al texto de G.García, cito: “En la actualidad lo que difunde la Universidad está “limitado” por la nominación propuesta por la Escuela y por la enseñanza que difunde este nudo: Universidad/Instituto/Escuela. Sin olvidar la “base” que forman las Bibliotecas, capaces de difundir lo que los “programas’ oficiales excluyen.”

Con esta tríada, supeditamos la autoridad del analista al ámbito de una Escuela pero a un programa que no es solo el programa de la Cultura como lo intercambiable, ni de la enseñanza formalizada, sino el programa de su formaciones del inconsciente, que hacen fracasar cualquier calculo mercantil evaluativo.

Lo que se extrae como éxtimo de conocimiento autoritario es el deseo del analista. En esos tres ámbitos que pueden entrar en conflicto (Universidad/ Instituto/ Escuela) lo que se pone en juego es la subversión del programa de un conocimiento profesional hacia el saber de un goce que ya no haga huelga a la verdad.

Aún en las ciudades de estudiantes con revoluciones inconclusas, la invención del analista supone crear dispositivos donde el ámbito determine la autoridad epistémica que permita una política de no titularse de antemano sino inventarse cada vez.-

(1)-García, Germán: "La invención del analista o la suspención del buen gusto". Revista Lacaniana Nº 7 .EOL. Bs. As., 2007.-

(2)-Kant, Emanuel: "Qué es la Ilustración?" en Filosofia de la Historia. Ed. FCE.

(3)-Lacan, Jacques: Seminario XVI. De un Otro al otro. Ed. Paidos, Bs.As. 2008.-

(4)-Bochenski, J.M.: ¿Qué es la autoridad?. Ed. Herder, Barcelona, 1990.-

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