miércoles, 20 de agosto de 2008


Instituto Oscar Masotta

Delegación Posadas

Seminario Clínico: Inhibición, Síntoma y Angustia.

5º clase: Angustia-dolor-duelo: afectos y efectos.

Dictada por Luis Polo (C.I.D. Corrientes-Chaco)

Los días 8 y 9 de agosto se llevo a cabo la 5º clase del seminario clínico Inhibición, Síntoma y Angustia, contando con la presencia como invitado de Luis Polo, docente del Centro de Investigación y Docencia Corrientes-Chaco.

Al comienzo de su exposición, Polo destacó la importancia de la red que implica el Instituto en la región y en el país así como también el hecho que un analista tiene que argumentar a cerca de su práctica .

Según Miller, prosiguió, Inhibición, síntoma y angustia es un texto en el que puede leerse el síntoma articulado a la pulsión, siendo un trabajo sobre la clínica de lo real. Señalo el movimiento en Freud que va de psicopatología de la vida cotidiana, el chiste.. y la interpretación de los sueños donde puede decirse que se trata del sujeto como efecto del significante al giro que a partir de Mas allá del principio de placer ubica al sujeto como efecto de un resto al que Lacan llamó objeto a.

La hipótesis según la cual la defensa es la que genera la patología es modificada a partir de Inhibición, síntoma y angustia. Por otra parte también es modificada la tesis a cerca de la angustia que ya no es pensada como libido trasmudada sino como que mas bien será la represión la que crea la angustia.

Evidencias clínicas como la reacción terapéutica negativa, la resistencia del ello y la introducción de la pulsión de muerte confluyen en una reformulación por parte de Freud del síntoma como un modo de satisfacción.

En la enseñanza de Lacan, correlativamente, a partir del seminario 10 encontramos la tesis según la cual no todo es significante.

Ahora bien, ¿qué tiene de diferente el síntoma de otras formaciones del incociente?. Para Lacan lo que hace que algo sea síntoma es la presencia del fantasma en el Otro. Lo que da estabilidad al síntoma es el fantasma.

A partir de esta tesis Luis Polo intenta demostrar recurriendo al grafo del deseo la articulación entre fantasma y síntoma y el lugar que ocupa allí la satisfacción pulsional. Así, ubica al síntoma como egosintónico, armónico con la castración y por lo tanto ligado al deseo como diferente de aquello que un sujeto dice.

Polo asila en el fantasma el objeto a minúscula como no siendo del orden del significante sino mas bien como un vacío, cuestión que puede ser ubicada también en el estadío del espejo donde hay algo que no está representado.

La introducción del objeto como ligado a una satisfacción pulsional implica un replanteo clínico en tanto la lógica de la represión y del yo como instancia represora conduce a la idea de conflicto mientras que de esta manera y vía el lenguaje no se trata ya de la represión sino de la insistencia de ese resto que se instala en el síntoma, lo cual permite entender el síntoma como una repetición cada vez diferente, de esa insistencia de lo real.

Por el lado de Freud tenemos la tesis de que el motor del síntoma es la angustia de castración, cuestión que va a ser modificada por Lacan a partir del seminario sobre la angustia donde empieza a pensar el objeto como lo que causa al sujeto en su división, reemplazando la idea que primero está lo que llamó rasgo unario.

¿Qué quiere decir para Freud que la castración es motor?. Aquí la angustia se articula como señal que conduce al termino unheimnlich (ominoso) utilizado por Freud para dar cuenta no tanto de una inquietante extrañeza, es decir el encuentro con algo extraño sino por el conrtario como el encuentro con algo familiar e inquietante a la vez

A paritr de la frase de Lacan: “el gran Otro concierne a mi deseo en la medida de lo que le falta”, articuló el deseo como ubicado en los intersticios de la necesidad y la demanda en tanto se le demanda al Otro pero lo que se recibe no es lo que se demanda.

En la segunda parte de la clase Luis polo se refirió al estatuto de la angustia en tanto afecto que no engaña, diferenciándola del dolor y el duelo.

Si la angustia no engaña entonces quiere decir que hay algo que si engaña y que para Lacan es lo simbólico y lo imaginario quedando la verdad de lo real como inasequible. Por otra parte señalo la importancia que tiene para Lacan la angustia en tanto estructural y no como fenómeno Desde este punto de vista la angustia nos indica donde está el deseo del sujeto.

Ahora, ¿cómo puede el objeto de deseo producir angustia?. En este sentido diferencia el objeto causa del objeto como agalma postulado en el seminario sobre la transferencia en tanto Lacan ya no recurre a los agalmatas griegos sino que la referencia es Kierkegaard, quien sitúa la angustia como el instante de la existencia, instante que instala una clínica de la repetición de ese resto al que Lacan va a llamar palea y no ya agalma.

De este modo ese resto opera como pieza suelta en tanto se trata de algo intimo que sin embargo el sujeto no reconoce como propio. Resto ubicado a partir de un fragmento clínico articulado en dos tiempos. Dos escenas donde se trata de la mirada angustiada y de la participación pasiva y donde las detenciones (el sujeto desaparece del análisis) se articulan al movimiento del analista que pasa a ocupar el lugar de ese resto causa de la operación analítica misma.

Sobre el final de la clase y a partir de las preguntas del auditorio, Luis Polo se refirió a la diferencia entre acting out y pasaje al acto en relación al lugar que en uno y otro ocupa ese resto, el objeto a.-


Comentario: Christian Gómez

lunes, 18 de agosto de 2008

Masotta ataca de nuevo (por Germán Garcia)


Ñ .16 – ACADÉMICAS – Reediciones 16.08.2008

Masotta ataca de nuevo

Sexo y traición en Roberto Arlt e Introducción a la lectura de Jacques Lacan, reeditados 40 años después, buscan nuevos lectores.

Germán García


Eterna Cadencia Editora reedita dos libros de Oscar Masotta: Sexo y traición en Roberto Arlt (1965) e Introducción a la lectura de Jacques Lacan (1970); dos intervenciones en la cultura de Buenos Aires que, por sus consecuencias, pueden ser leídas ahora como acontecimientos. En lo que hace a Roberto Arlt, se despide de lo que había empezado con algunos de sus compañeros de la revista Contorno. En cuanto a Jacques Lacan, difunde el material del curso realizado por Oscar Masotta en 1969 en el Instituto Di Tella. No olvidemos que en ese ámbito se provocó una renovación cultural que transformó el teatro, las artes plásticas y diversas disciplinas que comenzaban a difundirse en aquel momento. Oscar Masotta (1930/1979) intervenía sin dejar de lado el ámbito específico que estaba en juego (universidad, revista cultural, perfomance artística, publicación académica): en esta versatilidad reside su persistente actualidad.


En el caso de Jacques Lacan lo dice de manera explícita en el libro que presentamos: “La extrañeza de algunos términos no es una virtud de su grado de sofisticación, sino de nuestra ignorancia del campo de conceptos de donde toman valor de empleo”. Para superar esa ignorancia dirigió colecciones de libros para diferentes editoriales (Proteo, Nueva Visión, Gedisa) en consonancia con otras dirigidas por Eliseo Verón y José Sazbón, para nombrar las más importantes. En el mismo sentido y en otra constelación recopila los trabajos sobre happenings con Roberto Jacoby y publica un artículo de Oscar Steimberg en su libro sobre la historieta.


En el libro sobre Roberto Arlt encontramos esa intervención en el campo de la crítica literaria producida por una operación que Masotta realiza de manera deliberada: se deja traspasar por el Saint-Genet de Sartre al punto de declarar que su libro “ya estaba escrito”; pero lo que logra es una chispa que ilumina tanto al autor como al objeto de su lectura, en una práctica política que no declama la acción que realiza.

“Seis intentos frustrados de escribir sobre Roberto Arlt”, que componen el apéndice del libro, muestra ese devenir de Masotta al dejarse transfigurar por la lectura, al mostrarse como un lector nómade, que deambula por el texto; como el agrimensor de Kafka frente al castillo incalculable. Pero, cuando se lee el libro, se entiende, que Masotta realiza sus cálculos (el prólogo de Luis Gusmán, al describir el contexto, los muestra).

Los que, como en el caso de Juan José Sebreli, rescatan al Masotta de los años 50 (que aún no había publicado ningún libro) no logran entender lo que ocurre con este horizonte nuevo que se instala en nuestra cultura y que Masotta supo interpretar y transmitir con una amplitud notable.


Introducción a la lectura de Jacques Lacan muestra un Masotta diferente; alguien difícil de ser reconocido por alguno de sus antiguos amigos: desde sus referencias bibliográficas hasta su vocabulario han cambiado. Fuera de la Universidad, como tantos otros a partir de 1966, en una adyacencia del Instituto Di Tella, su intervención será otra: los grupos de estudio de psicoanálisis. Lo que allí se elabora es algo éxtimo (neologismo que dice que lo íntimo está afuera de cada uno), algo inquietante: “Todo aquí es diferencia (...) un libro escrito en el español del Río de la Plata y que no intercambia casi ni una palabra en común con otros libros sobre el tema escritos en el mismo español, un texto que repite y transforma el texto de una autor europeo ...”


Esta política del texto es el producto de una intervención pública donde lo que se publica ha medido sus fuerzas. Si bien Masotta se había referido a Lacan diez años antes, en una extensa nota de un artículo publicado en 1959, ahora se trataba de introducirlo entre los intelectuales y –a través de ellos- en el campo específico de la práctica analítica.


Si se compara esto con el destino de Lacan en los Estados Unidos, donde parece confinado en los departamentos de literatura, la política de Masotta tuvo un éxito que sorprende a propios y extraños. Así lo testimonia Jacques-Alain Miller cuando declara: “Este mundo que viniendo de París, habríamos descubierto en Caracas en 1980 no somos nosotros, de París, quienes lo hemos creado. Es la obra de un asombroso argentino, Oscar Masotta, gracias a quien la enseñanza de Lacan conoció una difusión que se extendió a todo el mundo hispánico, durante los años 60, sin que Lacan interviniera más que haciendo de Masotta un miembro de la Escuela Freudiana de París”.


El diseño y la cuidad edición de Eterna Cadencia facilitará que estas dos excelentes intervenciones de Oscar Masotta, al acontecer en un contexto diferente, encuentren nuevos lectores que experimenten la alegría de inventar de nuevo lo que floreció entonces y que, a pesar de las profecías negativas, está lejos de marchitarse. Me refiero, por supuesto, a psicoanálisis de Jacques Lacan.