miércoles, 29 de abril de 2009

I JORNADAS DEL LITORAL .Psicoanálisis: Principios y finalidades




Instituto Oscar Masotta


1º Jornadas del Litoral

-Hacia el bicentenario-


Psicoanálisis: Principios y finalidades.



-Modalidades del Psicoanálisis:

- El pedido de análisis

- Finalidad del análisis

- El análisis de los analistas


-Modalidades del síntoma:

- La conversión histérica

- La compulsión obsesiva

- La solución fóbica


-Modalidades del diagnóstico:

- Diagnóstico diferencial en las neurosis.

- Esquizofrenia y paranoia.

- El deseo perverso y la perversión.



Organizan

Delegación Posadas- Centro de Investigación y Docencia Corrientes-Chaco- Delegación Paraná



Participan



Cecilia Poggio
-Julieta Ríos
-Luis Polo
-Claudia Fernández
-Marcela Romero
-Christian Gómez
-María José Roca
-José Chaín
-Susana Fernández
-Lorena Danieluk
-Fernando Abelenda
-Diego Villaverde




Posadas, 16 de mayo de 2009.

Lugar: Museo Provincial de Bellas Artes “Juan Yaparí”.

Sarmiento Nº 319.


Informes: apm_posadas@hotmail.com/

(03752) 15 58 40 17/ (03752) 15 65 63 80.



HAIPYRE

www.iomposadas.blogspot.com



Se entregarán certificados de asistencia



Auspician



Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Misiones

Alianza Francesa

Universidad de la Cuenca del Plata

Asociación de Psicoanálisis de Misiones

Del síntoma a la causa


Del síntoma a la causa: el inconsciente (*)

Por Christian Gómez


Vamos a ir construyendo a lo largo de ocho encuentros un itinerario, es decir un recorrido que a-posteriori podremos recorrer como un programa de lecturas ordenado a partir de una tesis de Lacan que es la que vamos a tomar como punto de partida: El inconsciente, señala, es del orden de lo no realizado. ¿Qué quiere decir esto?.

En la clase del 22 de enero de 1964 Lacan distingue por un lado el dominio de la causa y la ley del significante diciendo que está en condiciones de introducir en el dominio de la causa la ley del significante. De este modo, el inconsciente como combinatoria mediante el cual la neurosis empalma con un real que puede no estar determinado. Es decir que hay que ubicar entre el síntoma y la causa la hipótesis del inconciente como mediación. Nos interesa también las consecuencias clínicas de esta afirmación así como el recorrido que lleva a su formulación por parte de Lacan.

Concomitantemente, podemos introducir la siguiente cuestión: incidencia de la hipótesis del inconciente en otros campos como por ejemplo la filosofía (preocupación de Lacan en su diálogo con los filósofos) y la lingüística. Resuena aquí el título de la presentación de Oscar Masotta en el mismo año de 1964: Jacques Lacan o el inconciente en los fundamentos de la filosofía. Asimismo, una pregunta que encontramos formulada de este modo: ¿qué es la lengua si el psicoanálisis existe?(1)

Por lo tanto, en primer lugar nos ocuparemos del inconiente como mediación y sus consecuencias para desplazarnos al eje de la doble sustitución del síntoma, sentido y satisfacción, y su conexión con la fantasía.

La causa, la ley y lo no realizado

Comentaremos hoy la clase del seminario once titulada El inconciente freudiano y el nuestro. Lacan parte de su afirmación según la cual el inconciente está estructurado como un lenguaje. Refiere por lo tanto el inconciente a un campo que define como el que Claude Levi-Strauss fijó bajo el título de El pensamiento salvaje. Algo organiza ese campo en términos de significantes y el signifiacnte, a su vez, organiza y modela las relaciones humanas.

La lingüística, dice Lacan, es la ciencia que tiene como modelo el juego combinatorio del significante, siendo esa estructura la que da su status al inconciente o al menos, continúa, nos asegura que el término inconciente encierra algo calificable, accesible y objetivable. Sin embargo, asegura Lacan, no hay que confundir los conceptos introducidos por Freud bajo el término inconciente con los términos de la lingüística, distinguiendo a su vez el inconciente freudiano de una simple concepción dinámica que hablaría de desplazamientos de fuerzas. Ni lingüística ni concepto dinámico.

Lacan introduce aquí, en oposición a la dinámica de las representaciones, la función de la causa. Toma, pero no lo desarrolla todavía, el Ensayo de las magnitudes negativas de Kant y el problema de las cuatro causas en Aristóteles para plantear el problema de la causa en lo que ésta tiene de anticonceptual., es decir la hiancia que presenta la función de la causa a toda aprehensión conceptual. La hiancia es una de las manera por la cual Lacan enuncia el vacío. Agujero a abertura, el término tiene connotaciones de la fenomenología (Sartre-M. Ponty).(2)

Por lo tanto, hay que distinguir la causa de lo que hay de determinante en una ley, quiere decir que cuando se trata de una ley hay determinación, por ejemplo la ley de acción y reacción quiere decir que una, la reacción, no se da sin la otra, la acción, lo cual nos llevaría a plantear el problema de la causa de la acción, llegando así a la hiancia. Es decir que no puedo explicar cual es la causa, para Lacan no solo hay allí algo anticonceptual sino un agujero, una abertura, que Lacan resume diciendo que en suma solo hay causa de lo que cojea.

Leo: “...Pues bien, en ese punto que intento hacerles atinar por aproximación se sitúa el inconciente freudiano, en ese punto donde, entre la causa y lo que ella afecta, está siempre lo que cojea. Lo que importa no es que el inconciente determine la neurosis; respecto a esto freud recurre gustoso al gesto pilático de lavarse las manos. (...) y es que el inconciente muestra la hiancia (agujero, vacío) por donde la neurosis empalma con un real; real que puede muy bien, por su parte, no estar determinado...” (3)

Es decir, entonces, que el inconciente está a la espera. Freud parte de la etiología (causalidad) de las neurosis y se encuentra con algo que pertenece al orden de lo no realizado. Lo cual nos lleva a distinguir el problema de la causa como hinacia de una hipótesis a cerca de la causa, que es lo que Freud concibe en términos de una etiología sexual y de lo cual dio cuenta con las series complementarias.


Este problema nos ocupará en la segunda parte de este curso. ¿Cómo entender esto? Considero que aquí Lacan conduce las cosas hacia el hecho que el inconciente es justamente cualquier cosa, lo que está a la espera, la sorpresa misma con la que se manifiesta en sus formaciones, cualquier cosa menos una sustancia, por mas que la referencia a la lingüística, por ejemplo, le de cierta objetividad y uno este tentado de pensar que esta referencia lo vuelve aprehensible.


No se trata de que el inconciente determina la neurosis sino mas bien que e se sitúa entre (mediación) el síntoma y una causa (real) indeterminada. Por lo tanto, indeterminación de la causa. El ombligo del sueño, dice Lacan, es uno de los nombres con los que Freud designa el vacío de la causa.

“... Ahora, a estas alturas, en mi época, estoy ciertamente en posición de introducir en el dominio de la causa la ley del significante, en e lugar donde esta hiancia se produce. No por ello deja de ser cierto que, si queremos comprender de que trata el psicoanálisis hay que volver a evocar el concepto de inconciente en los tiempos por los que Freud pasó para forjarlo, ya que solo podemos darle forma acabada llevándolo a su límite...” (4)


Dejo por ahora de lado la enumeración que hace Lacan de la semántica del término inconciente (5) anterior y contemporánea a Freud mismo para hacer hincapié en la idea de que cuando se trata del inconsciente, afirma Lacan, eso habla, eso funciona de manera tan elaborada como a nivel de lo conciente. No se trata aquí de una simple homologación sino de poder explicitar las leyes que rigen el funcionamiento por el cual eso, el inconciente, habla.


La ley del significante, pero tomada a partir de la mismísima experiencia freudiana. Inclusive Lacan remite aquí al apartado sobre el olvido de los sueños (capítulo VII de La interpretación de los sueños) donde, vamos a ver, Freud se refiere al análisis de sus propios sueños. Se trata del aspecto sorpresivo a partir del cual el inconciente se muestra, fenómenos que atraen a Freud y allí va a buscar el inconciente. Hay que detenerse en el modo en que Lacan lo expresa: allí, dice, una cosa distinta exige su realización, una cosa que aparece como intencional, pero con una extraña temporalidad.


Es decir que algo exige realizarse, hay una intencionalidad de ese algo, distinta a la intencionalidad de la conciencia y con otra temporalidad. Ese algo, eso a lo que solo accedemos, si se puede decir, por sus efectos, es lo que se produce en el dominio vacío de la hiancia. A la espera, dice Lacan, del órden, entonces, de lo no realizado. ¿Qué extraña torsión del tiempo nos permite, entonces, captar algo de eso que habla con una intencionalidad de la cual, empero, nada se? Futuro anterior, al decir de Enrique Acuña, es el tiempo del inconciente, una manera de referirse a la atemporalidad de la que habla Freud.


Hallazgo que es a la vez sorpresa futuro), re-hallazgo (anterior) y presto a escabullirse de nuevo, vale decir pérdida. Dimensiones del inconciente que tendremos que despejar en tanto conviene seguir a Freud cuando opone el síntoma y su duración a lo fugaz de las demás formaciones del inconciente.(6)


Hiancia, tropiezo, hallazgo, pérdida

Metáforas de la fugacidad del inconciente, si la hiancia designa la operación mediante la cual Lacan lleva a cabo un vaciamiento del inconciente, el tropiezo muestra la insistencia (hallazgo) de aquello que habla en otra escena y exige su realización en una combinatoria cuyas leyes (condensación y desplazamiento) enunció Freud al mismo tiempo que la estructura del signo daba estatuto científico a la lingüística. Isomorfismo, entonces, lo cual no debe llevar a confundir ambos planos.


El psicoanálisis no es lingüística. Resulta mas interesante la pregunta sostenida por Jean Claude Milner: ¿Qué es la lengua a partir de la hipótesis del inconciente?. El analista, dice Lacan, está allí en tanto testigo de esa pérdida, señala que el inconciente ha sido tocado. Por aquí hemos de seguir.-


Notas

(*) Versión corregida y abreviada de la clase inaugural del curso anual. Asociación de Psicoanálisis de Misiones. 22 de abril de 2009.

(1) Milner, Jean-Claude: El amor por la lengua. Editorial Nueva Imagen. México.1980.

(2) Ver: Clero, Jean Pierre. El vocabulario de Lacan. Atuel.Anáfora. Bs. As. 2006.

(3) Lacan, Jacques: El Seminario, Libro 11 Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós. Bs. As. 1997. Pág. 30

(4) Ibid. Pág 31.

(5) Ver Bres, Yvon: El inconciente. Atuel. Anáfora. Bs. As. 2006.

(6) Acuña, Enrique. “Un traje a medida”. En www.aplp.org.ar/e-textos. Me orientan en este curso los desarrollos realizados por Enrique Acuña en la clase inaugural del seminario clínico del Instituto oscar Masotta, Delegación Posadas (3-4 de abril), donde ubicó el inconciente como insistencia de la cadena significante y como existencia en tanto sujeto dividido. Problemas que Enrique Acuña trata en su curso Insistencia y existencia dictado en la APLP y que fuera también abordado en la jornada de apertura del ciclo 2009 de dicha asociación (cuyo título fue precisamente El inconciente freudiano y el nuestro), en el mes de marzo del presente año.-

Cien años de psicoanálisis en la Argentina. Un siglo de historias e histerias



En 2005, Graciela Avram publicó una sátira, breve y documentada, sobre las terapias alternativas al psicoanálisis. Cuando se la lee aparece una diferencia con lo que acontece, por ejemplo, en Francia. Si allá las terapiascognitivasconductuales (TCC) se proponen como máquinas de guerra diferenciadas, entre nosotros se construyen por asimilación simplificada del vocabulario del psicoanálisis. Es decir, para entender el esta
do de la cuestión en el psicoanálisis actual hay que llamar la atención sobre la asimilación de su práctica a la psicología.

Eso lo muestra ya desde el título el excelente libro de Alejandro Dagfal: Entre París y Buenos Aires - La invención del psicólogo. De paso, vemos que la mezcla de psicoanálisis y psicología tiene su marca de origen en Francia; en este punto es muy claro Michel Foucault en una e
ntrevista de 1965 realizada por Alain Badiou, donde explica que la “psicología” surge de la filosofía y que encuentra en el psicoanálisis la posibilidad de conmover los fundamentos filosóficos, porque realiza una experiencia autorizada por el descubrimiento del inconsciente, que valida esa misma experiencia.

Sigmund Freud propuso para la educación del analista la realización de un análisis, el conocimiento exhaustivo de la doctrina y el control regular de su práctica.

Jacques Lacan extremó estas exigencias. Digamos, aunque sea de paso, que los modos de organización y nominación del analista –más allá de la habilitación del Estado– es una de las claves para la comprensión del estado de la cuestión.

La historia como histeria
Si en 1910, en los festejos del Centenario, Germán Greve presentó las doctrinas de Sigmund Freud en
un Congreso Internacional de Medicina e Higiene, en el Bicentenario vale la pena llamar la atención sobre el recorrido y sus resultados actuales.

En las primeras décadas del siglo pasado, con el trasfondo del positivismo, el psicoanálisis había interesado a médicos psiquiatras. Pero su práctica no era incluida en esta curiosidad. Thomas F. Glick, de la Boston University, registra que en España la influencia del psicoanálisis comienza por un cambio de hábitos en la práctica médica: en las fichas de los pacientes se anotan datos de su historia infantil.
Después de 1930, condenado por la URSS, el psicoanálisis es abandonado por los psiquiatras en unos casos, en otros se intenta relacionarlo con la reflexología.

Es Angel Garma, entre otros, quien instala el estatuto del psicoanalista –copiado del que se impuso en Nueva York– subordinado a la medicina. Es un psiquiatra, Miguel Kohan Miller, quien rechaza esta subordinación. Como psiquiatra, es psicoanalista y punto.
Estas historias no pasaban del testimonio personal, de la memoria colectiva, de la hagiografía grupal.

Cuando en 1970 me interesé por el tema sólo encontré una historia de la psicología en América publicada en 1954 por I. A. Foradori, y un libro breve de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) con semblanzas de los fundadores y la información sobre el “ejercicio legal” de la profesión.

Había historias de la psiquiatría, también de la psicología, pero era poco lo que se encontraba sobre el psicoanálisis.
Y, sin embargo, el psicoanálisis estaba en las revistas, en la radio, en la televisión, en el cine.
En algunas tendencias, como la encabezada por Jung, había adeptos de la alta cultura mezclados con otros de los arrabales culturales del ocultismo.
La entrada del psicoanálisis en la Argentina era un libro documentado, pero no intentaba ser un libro de historia ni cumplir con las exigencias de esta disciplina.
Era parte de esa historia-histeria y quería minar el mito fundacional del psicoanálisis relacionado con la IPA, a la vez que criticar sus postulados y hacer propaganda para las propuestas de Jacq
ues Lacan. Y fue, sin querer, un libro bisagra entre la histeria de aquellas pasiones y la historia de “verdad” que se empezaría a escribir.

La historia que vendrá
“Para precisar mi tesis –escribe Koselleck–, los pronósticos son sólo posibles porque hay estructuras formales en la historia que se repiten, aun cuando su contenido concreto sea en cada caso único y sorprendente para los afectados.” Suscribo esta tesis porque el psicoanálisis conoce diferentes momentos de internacionalización y, en cada caso, pagó el precio de una transformación que modificó tanto su política como su experiencia clínica y sus elucubraciones explicativas. Ocurrió en el pasaje de Viena a Zurich, después con su entrada a Inglaterra y Estados Unidos, por último en Francia y diferentes países de la lengua castellana.

Hans R. Jauss estudió, de manera brillante, este juego de transformaciones que se produce entre lo exótico de la novedad y las condiciones de aclimatación. El resultado no arroja algo idéntico, pero tampoco es otra cosa. Se plantean problemas que son homólogos a los de la tra
ducción. El cambio de contexto es un cambio de sentido. La aceptación de Melanie Klein en Buenos Aires, como lo ha mostrado Horacio Etchegoyen, tiene una importancia de la que carece en otras ciudades donde el psicoanálisis existe con la misma intensidad.
La historia que vendrá tiene trazado algo de su horizonte en los trabajos de Hugo Vezzetti, Hugo Klappenbach, Mariano Plotkin, Sergio Visacovsky, Alejandro Dagfal y otros.

Es una historia que promete superar la histeria, que se propone describir las divergencias sin preferencias por los nativos de las diferentes “tribus”, que hará de cada versión una carta en el mazo de la historia.
Pero dentro de esa historia ya existen diferencias. Si Elizabeth Roudinesco prologa el libro de Alejandro Dagfal, la Asociación Española de Neuropsiquiatría mantiene relaciones de intercambio con el equipo de Historia de la Psiquiatría impulsado por Juan Carlos Stagnaro, cuya actividad editorial ha permitido que los nuevos psicoanalistas lean los clásicos de la psiquiatría que encontramos en la tesis de Jacques Lacan y en ta
ntos otros trabajos fundamentales que ampliaron el conocimiento del psicoanálisis, a partir de lo que dejaba aprender la experiencia de la psicosis.

Los actores sucesivos –psiquiatras, médicos, psicólogos– ahora operan de manera simultánea en la configuración del psicoanálisis. El estudio de estas transformaciones está pendiente de una mayor atención en trabajos futuros. En el pasado, la falta de atención de estas diferentes “habilitaciones” produjo cierta ceguera sobre efectos evidentes: los médicos promovían la psicosomática, los psicólogos los problemas de las interacciones “sociales” y los psiquiatras se reservaban el campo de lucha de los aparatos sanitarios donde los demás podían incluirse como “trabajadores de la salud mental”. El psicoanálisis menos comprometido con estas operaciones tuvo también mayor libertad para diseñar sus maneras de inserción.

Dentro del psicoanálisis
Freud en las pampas, de M
ariano Plotkin, intentó situar diferentes momentos del psicoanálisis en una perspectiva atenta a la política. Pero para hablar del estado de la cuestión de la historia del psicoanálisis vale la pena tener en cuenta sus rasgos diferenciales. Y para esto contamos con un libro solitario y un poco desplazado de la escena de la historia. Me refiero a El idioma de los lacanianos, de Jorge Baños Orellana, que intentó la primera y única clasificación de los modos de transmisión del psicoanálisis entre nosotros. Son cuatro: “La versión kitsch está puesta al servicio del reclutamiento y la redacción de introducciones para futuros miembros.

La resolución de enigmas es el espacio discursivo de las investigaciones monográficas, donde se disciplinan las capas medias. La épica se encarga de contar la historia oficial y de pronunciar las arengas que fraguan la identidad grupal. La neoclásica es el gendarme de las instrucciones del narcisismo intelectual y poético: vigila que cada miembro ocupe su puesto sin comprometer la estabilidad ideológica y jerárquica del lazo colectivo” (pág. 321). Es obv
io que el libro de Jorge Baños Orellana introducía en el campo una perspectiva que sorprendía y se valía de una bibliografía que no era frecuentada por los interesados en problemas del psicoanálisis. Será leído en el futuro.

El anclaje de Jacques Lacan en Buenos Aires, el libro de Marcelo Izaguirre demorado por problemas editoriales, realiza una minuciosa red de referencias y conexiones que funcionan como el reverso del libro de Baños Orellana: no trata de los modos que se practican sino de lo que se exhibe, de los deslizamientos y los contrasentidos producidos por las políticas de los grupos y ciertos cálculos elementales de los agentes.

La lógica del testimonio
Sería imposible enumerar la cantidad de testimonios individuales y colectivos producidos por los agentes de la práctica analítica. Desde la Fundación Descartes hemos impulsado más de una actividad y varias publicaciones en este sentido.

E. Carpintero y A. Vainer, co
n el título Las huellas de la memoria, publicaron dos tomos con ese material testimonial que conduce a cierta paradoja: el testimonio, como el sueño, es inapelable. Es lo que es. Pero al igual que el sueño, está constituido por desplazamiento, inversiones, olvidos y falsos recuerdos. Todo eso configura lo que Freud llamaba una verdad –en el sentido de la novela familiar–, pero su valor referencial debe ser confrontado con algún documento.

Jacques Lacan, cuando define al testimonio, dice que es la máxima proximidad entre el enunciado y la enunciación. Es decir, no lo define por su valor de referencia. Es lo que, desde que existe el pase como procedimiento para extraer el núcleo de un análisis, puede llamarse la verdad mentirosa de cualquier discurso sobre sí mismo. Entonces, es el tratamiento del testimonio lo que lo convierte en historia.

La cuestión institucional
Lo sabemos, Sigmund Freud prefirió crear una Asociación Psicoanalítica Internacional por fuera d
e las facultades. Creo que conocía el texto de Kant llamado El conflicto de las facultades (1798), que fue analizado con particular agudeza por Jacques Derrida. Para decirlo rápido, el psicoanálisis tiene secretos muy particulares y tiene que enseñar cosas que también son singulares. A la inversa, Kant dice que en una facultad se enseña lo que el Estado quiere que se enseñe. Una historia del psicoanálisis no podría excluir como una cuestión fundamental el estado institucional del psicoanálisis.

La institución analítica, según el programa de Jacques Lacan, no sólo evita fundir el término analista con cualquiera de los títulos habilitantes que cobijan su práctica (psiquiatría, medicina, psicología), sino que pone en funcionamiento dispositivos que impiden que alguien pueda identificarse con la nominación de “analista” a secas. Hay más de un analista. Está el analista practicante que sólo declara su actividad, está el analista miembro reconocido como tal por la institución y, por último, está el analista de la escuela que ha realizad
o el “pase” que testimonia del recorrido de su análisis.

Una historia del psicoanálisis que ignorase las diferentes maneras que se usan para nominar en cada institución sólo sería la descripción de grupos profesionales heterogéneos y pintorescos y dejaría pasar lo que el asunto tiene de particular: Aquello que convierte al psicoanálisis en una experiencia singular surgida de la tensión entre la filosofía y la psicología (tensión en cuyo trasfondo está la psiquiatría). La incidencia que tuvo esa psiquiatría en la aparición misma del discurso de Freud ha sido estudiada por M. Gauchet.

La trama exterior
La historia que vendrá tendrá que considerar una trama que nunca fue estudiada de manera sistemática: me refiero a las diversas editoriales, a los grupos que las impulsaron, a los libros que tradujeron en cada momento –sea para propagar una corriente nueva, para neut
ralizar alguna otra, para sostener algo ya existente–, a los traductores que realizaron el trabajo, a los inversores no siempre profesionales del libro, etcétera.

No basta conocer los catálogos de Nova, Paidós, Nueva Visión. Existieron, a lo largo de tantas décadas, editoriales ligadas a corrientes políticas (por ejemplo las impulsadas por el Partido Comunista que incursionaban en la psiquiatría para imponer la reflexología y para polemizar con el psicoanálisis). Hubo otras ligadas a la religión, como el caso de la editorial Lohlé, que publicaba al psicoanalista católico Ignace Lepp, entre otros.

Existieron y existen las pequeñas editoriales impulsadas por agentes del propio psicoanálisis, con poca importancia en el mercado, pero con la autoridad suficiente como para jugar un papel fundamental en las configuraciones de los grupos que las producen. También editoriales dedicadas a otros temas, pero que tuvieron su colección de psicoanálisis (como la que dirigió Raúl Sciarreta para editorial Corregidor), así como algunos libros publicados por Sudamericana, Leviatán, De la Flor, Catálogos, Atuel y otras.

Falta también una investigación sobre los libros traducidos en España y México importados a la Argentina
y sobre las lenguas de las cuales esos libros fueron traducidos.
Una historia del psicoanálisis no puede ignorar la circulación material que sostiene la trama de las actividades de enseñanza del psicoanálisis, cuya proliferación se extiende a diversas ciudades del país. No se trata sólo de Córdoba y Rosario, puesto que la enseñanza del psicoanálisis y su práctica se han implantado tanto en ciudades del norte como del sur del país y lo han hecho con grupos organizados, con publicaciones regulares y en diálogo con la cultura de cada lugar.

Al pasar es interesante consignar que cuando se dedican suplementos a las ciudades del interior (por ejemplo, del norte) se recurre al cliché histórico que caracteriza a la cultura de cada una de ellas, a datos turísticos, y se ignora de manera regular la existencia de las redes del psicoanálisis que en muchos casos son una presencia importante en las actividades culturales de esas ciudades. Bastaría mencionar las casi treinta ciudades, que desde Río Gallegos hasta Jujuy, componen el Instituto Oscar Masotta
con sus conexiones nacionales e internacionales. Las facultades implicadas en la investigación de la historia del psicoanálisis formarán equipos, realizarán investigaciones, crearán archivos, solicitarán la donación de materiales diversos; si esto ocurre, estoy seguro de que ocurrirá, la historia que vendrá habrá convertido los testimonios, las memorias y las demás producciones “militantes” de los diversos grupos en una nueva dimensión de la historiografría argentina que podrá entrar en el horizonte de expectativas que impulsa en la actualidad un interés creciente por la historia del país.

En conclusión
El estado de la cuestión, en lo que hace a la historia del psicoanálisis en el país, muestra la creciente complejidad de los trabajos que se realizan a partir de las versiones de los “nativos” y de la documentación que comienza a ser clasificada y conocida. A su vez, la posi
bilidad de una historia parece responder a la importancia que la práctica de esta disciplina adquiere en la actualidad. Lo prueba el hecho de que nuestros invitados externos, que hablan en nombre de la antropología y de la historia, hayan trabajado en universidades situadas en Alemania, Francia y Estados Unidos.

De manera que de los cien años del psicoanálisis en la Argentina se puede esperar lo que se desea: por mi parte, espero de esta actividad una escansión, un nuevo comienzo, que sepa que la autoridad del futuro realiza de manera diversa la transmisión de la autoridad del pasado.

* El texto anticipa la presentación del autor en el evento “Cien años de psicoanálisis en la Argentina”: jornada de debate público organizada por la Secretaría de Cultura de la Nación y la Fundación Descartes.

Germán García


Fuente: Pagina12 - Psicología | Jueves, 16 de Abril de 2009 Ver nota en www.pagina12.com.ar

viernes, 24 de abril de 2009

¿Qué es el inconsciente sino que alguíen habla?( comentario)


Instituto Oscar Masotta Delegación Posadas. Ciclo 2009.
Seminario Clínico: El Inconsciente y la Transferencia.
Clase inaugural a cargo de Enrique Acuña.
¿Qué es el inconsciente si no es que alguien habla?

Comentario: Rodrigo Cibils.

Los días 3 y 4 de Abril se llevo a cabo la clase inaugural del Seminario Clínico “El Inconsciente y la Transferencia”, organizado por la Delegación Posadas del Instituto Oscar Masotta. Alrededor de 90 personas se dieron cita en el Museo Provincial de Bellas Artes “Juan Yaparí” de la ciudad de Posadas. Enrique Acuña, docente invitado, tituló su clase “¿Qué es el inconsciente si no es que alguien habla?”

En esta clase, el docente realiza un análisis estructuralista del inconsciente en un texto de Lacan, que lleva por nombre “El seminario de la carta robada”, de los Escritos I, de 1955. Señala que, en dicho texto, Lacan comienza diciendo “el inconsciente, ustedes que me preguntan si existe, les digo no existe, insiste en las formaciones del inconsciente”.

Este binario Insistencia de cadena (formaciones cifradas) y existencia del sujeto (lugar exterior al yo) recore toda la obra de Lacan respecto del concepto de Inconsciente.

El inconsciente no es lo negativo de la conciencia, no es lo que falla, no es el tropiezo de la conciencia. Si no que el inconsciente es una intencionalidad pero sin la intención consciente, es decir, el yo no gobierna, nos es amo y señor de sus buenas intensiones.

No hay que pensar que el inconsciente tiene una existencia, un ser que existe con sus buenas intenciones, sino, que el inconsciente es lo que no se puede dominar como intención, es una intencionalidad, es una potencia e insiste, es decir, que por más que me quiera olvidar del inconsciente, va a volver a aparecer.

¿En que insiste? En los lapsus, en los sueños, en los actos fallidos, en los síntomas.
Se desprende entonces que en los sueños, en los actos fallidos, y en las agudezas no hay ninguna otra intención que no sea la intencionalidad de Otro, que parece extraño a mí, pero sin embargo, está en mí.

Este Otro no es otro yo, sino que es, como dice Lacan, algo “tan próximo como extraño”, ni prójimo ni semejante imaginario, se constituye en el devenir del habla a partir de cierto índices que hay en lo dicho designando al sujeto como alquien que habla.

Este “Próximo” dice algo más allá del yo e insiste en una cadena significante. Esto es lo que Jacques Lacan va a demostrar con el cuento de Edgar Allan Poe, “La carta robada”.
Señala que un significante es una palabra que uno pronuncia, pero que es un enigma para uno mismo.
Las asociaciones nos llevan a un nudo, nos conducen a un punto donde hay silencio, hay detención de las asociaciones, y esto es correlativo que en ese punto, la insistencia significante se encontró con una “X”. Ahi la insistencia de la cadena significante se encuentra con una ex-sistencia. Esto nos indica que algo existe fuera del espacio de mi conciencia.

Acuña señala que la insistencia de los significantes forman una combinatoria, es decir juego de elementos intercambiables, que es la estructura simbolica del Otro. El sujeto queda dividido con respecto a ese Otro, que es el lenguaje. Cuando se constituye en el lenguaje hay división, busco en una cadena significante que insiste una causalidad, una causa, que es la “X”. Lacan ilustra esto con el cuento de Edgar Allan Poe, “La carta robada”, el cuento demostraría que un sujeto es un sujeto dividido por el lenguaje.

En el cuento de “La carta robada” hay dos escenas. En la primera escena hay tres personajes (la reina, el rey y el ministro) y una carta. El ministro roba la carta que trataba de ocultar la reina y deja otra en lugar de la embarazosa carta.
En la segunda escena, se da un robo similar al de la primera escena. También hay tres personajes (ministro, prefecto y Dupin) y la carta, pero ya no es una carta vacía, sino una carta con una frase.

Lo que permanece en las dos escenas es la carta, ¿pero qué de la carta?
En la primera escena el "cociente" de esta operación es un vacio, el Ministro cuando se lleva la carta deja un vacío, no deja un mensaje. Sin embargo, Dupin escribe en la carta que le deja Ministro una cierta burla, es decir, que el "cociente" de la segunda operación ya no es un vacio, si no que en esa carta hay un mensaje.

La estructura es la suma de las dos escenas. Los efectos que se produjeron en los protagonistas de las dos escenas es un desplazamiento de quien tiene la carta.
Entonces, señala Enrique Acuña, el desplazamiento y la determinacion de lo simbolico se muestra en el hecho que quien tiene la carta está en lugar de Sujeto dividido ($) por el lenguaje (A).

Ejemplo literal de Edgard A. Poe a Lacan para ejemplificar la estructura como una combinatoria . La carta robada es el significante que divide aguas enre un resto vacio y un sentido cifrado, modo de dividir al Otro que causa un equivoco simbólico a quien lo tiene. La estructura del inconsciente responde a un desplazamiento de significantes, es decir, de cartas vacías, erróneas, pero a la vez, al tenerla se vuelve un problema porque la carta transporta un mensaje al que se le supone tiene una intención de querer decir algo.

En la segunda parte de la clase, Enrique Acuña, continuo señalando de que hay que entender al inconsciente como un efecto, no como algo dado de antemano, sino como un efecto del lenguaje sobre un sujeto que habla, y eso lo escribimos como la insistencia de una cadena significante por parte del Gran Otro provocando los efectos de la división.
Continúo su clase desarrollando el inconsciente a partir de sus formaciones: el sueño, el acto fallido y el witz.

Explica que el witz es la agudeza, pero entendida como novedosa formación que sorprende a quien la dice. El sueño, como dice Freud, es el inconsciente pero más bien mecánico, porque en el sueño el inconsciente aparece en una escena que se relata e interpreta. En el acto fallido aparece un inconsciente en acto, en una acción que demuestra que la intencionalidad consciente fracasa.
Por otro lado, también tenemos al síntoma como formación del inconsciente.
¿Qué diferencia un síntoma de un sueño, de un acto fallido y de un witz?

E. Acuña afirma que la diferencia responde ala temporalidad. Por ejemplo fulgurante chiste versus, durabilidad del síntoma. El síntoma no es del mismo estatuto que las otras tres formaciones del inconsciente. En el síntoma se va a jugar la repetición de la pulsión como insistencia. El inconsciente en su version pulsional insiste y se repite en el síntoma. El incosnciente de la representacion y del significante insiste en sus tres formaciones (sueño, acto fallido, witz). Lo que perdura es el síntoma como “Epilogo” a la neurosis.

Entonces, el inconsciente insiste en sus formaciones y su existencia es correlativa a la existencia del síntoma. Hay una repetición significante y una repetición que no es significante, sino que es una insistencia de una satisfacción.

Enrique Acuña afirma que del lado de la “Insistencia” esta el sentido de las cosas, como el sueño que se le puede encontrar un sentido. Y del lado de la “Ex-sistencia” esta la satisfacción, que puede ser muda, que no tienen traducción, que no tienen un sentido, “No se dice, Se vive”.

De este modo el inconsciente tiene dos patas. Por un lado, el inconsciente ligado a la “Insistencia” del significante, es el inconsciente transferencial, es el que se pone en juego en la transferencia, es el que se puede interpretar. Y por otro lado, el inconsciente ligado a la “Ex-sistencia”, que está más ligado a lo mudo de la pulsión, es un inconsciente no transferencial, sino real, entendiendo como real lo que es imposible de ser tramitado por la palabra. El inconsciente real aparece en la satisfacción, y lo que se pone en juego en esa satisfacción es un modo de gozar que cada cual tiene. Del lado del síntoma es que se puede captar el inconsciente real, porque decíamos que el síntoma es lo que más dura.

El inconsciente tiene tres modalidades de presentarse (sueño, acto fallido, witz) y dos lógicas a las que responden (Inconsciente Transferencial del lado de la “Insistencia” y el Inconsciente Real del lado de la “Ex-sistencia”).-





lunes, 13 de abril de 2009

Entrevista a Enrique Acuña en diario Nueva Edición


Hay que pensar al Psicoanálisis como una experiencia de lo nuevo”

• Enrique Acuña es psicoanalista y escritor y estuvo en Posadas para la clase inaugural del seminario anual del IOM • “No es una terapia regresiva”, aseguró •


POSADAS. El prestigioso psicoanalista Enrique Acuña, fue el encargado de dictar la clase inaugural del seminario clínico “El Inconsciente y la transferencia”, que dictará durante el año, el Instituto Oscar Masotta (IOM) y que comenzó el 3 de abril último. Acuña, es además escritor y desarrolló el primer tema del ciclo 2009: El inconciente freudiano y el de Lacan.

¿Qué es o cómo se define el Psicoanálisis?

El primer tema es qué es el inconsciente, que es fundamental para saber qué es una experiencia analítica. Yo definí ahí, que la experiencia analítica era, fundamentalmente, dejarse llevar por las palabras; pero no es tan así, porque en verdad cada vez que uno habla está como determinado a contar lo que vivió: sus recuerdos infantiles, los héroes de su vida, los triunfos y miserias. Entonces se pensaba el inconciente como este “Otro” que está determinando mi vida a la vez que soy “Yo”. Entonces, ¿cómo pensar que “Yo”, soy “Otro”? o sea que hay un inconsciente que está hablando por mí. De este modo el concepto de inconsciente como fundamento de la experiencia tiene que ver con la posibilidad de pensar el Psicoanálisis como una experiencia de lo nuevo, no de contar historias viejas o pasadas, sino que cuando la cuento tengo la posibilidad de decir nuevamente todo.

Es decir que siempre está presente

Claro, porque a veces se cree que el psicoanálisis sería como recordar cosas de la infancia, es eso, pero además cuando las recuerdo, tengo que apostar a decirlas de nuevo en función de lo que va a pasar mañana, qué quiero yo, cuál es mi deseo en juego para ese porvenir.

Y ese inconsciente u otro Yo que tenemos ¿en qué se manifiesta?

Se manifiesta por ejemplo en los sueños, los actos fallidos, en los chistes de buen o mal gusto, mostrando su doble intensión. Entonces siempre hay una intencionalidad que uno tiene en la vida, que es enigmática, medio oscura; pero que se puede saber. Entonces el inconsciente es un saber, porque podemos saber qué nos está gobernando o determinando nuestra vida.

Acuña aporta, como ejemplo el caso de una paciente que tenía ataques de pánico que la llevaban a esconderse debajo de la cama, pero que al relatar la experiencia, se dio cuenta que la cama no era un lugar cualquiera; podía tener una significación del dormir, soñar, del amor.

-Quiere decir que en el relato, el inconsciente aparece en el lenguaje, no es una sustancia que hay que ir a buscar en una neurona, es el lenguaje mismo el que está determinando los efectos de palabras, donde encontramos claves. Por ejemplo la muerte es una clave difícil de descifrar, porque nadie sabe qué va pasar después, uno especula, entonces no conviene mucho hacer un relato alrededor de la muerte, pero si uno puede tomar algo a partir de esa intríngulis de la vida, como el la muerte, el destino o incluso los sueños más enigmáticos; sacarles el jugo y empezar a hablar de las palabras claves que están en juego.

El psicoanálisis está visto como elitísta en cierto modo

Sí, en realidad es un prejuicio muy burgués, pensar que solamente algunos piensan, cuando en realidad todo el mundo lo hace. Freud pensaba que los pobres tienen demasiada miseria, suficiente como para agregarle una más que sea el analista. Pero indefectiblemente tienen síntomas, porque hablan. Todo sujeto que esta dentro del lenguaje es susceptible de analizarse.

El otro día alguien me decía que no tiene palabras que lo hayan afectado, que tiene hechos que lo afectaron, pero no podía hilar una o dos palabras que lo definan. Entonces le pedí que empezara por una, es decir, obligué a que ponga en juego cuál era vigencia, que fue lo que apareció como la punta del iceberg.

Dijo algo común, `creo que el problema no es la sexualidad, como creen los psicoanalistas`; le dije que no creo en eso. Yo creo que la sexualidad está cuando uno habla, uno puede gozar también cuando habla. Me dijo exactamente que lo que hace es una intriga donde no puede contar las cosas.

Eso es una manera de ejercer cierta sexualidad, porque uno pone su líbido, su deseo, tiene ciertas satisfacciones haciendo esos relatos donde no se puede empezar, donde no se sabe cuál es la palabra clave, donde hay muchas cosas pero no hay nada.
Psicoanalista y artista

Acuña publicó un libro nuevo titulado “Resonancia y silencio” y actualmente escribe una novela cuya historia transcurre en su pueblo natal: Bella Vista, Corrientes.
“El arte puede ser una manera de prejuzgar un síntoma o como las leyes de ese inconsciente que está apareciendo ahí. Indudablemente hay algunas veces donde se manifiesta más que en otras; por ejemplo en los fantasmas del escritor. Cuando un tipo escribe una novela tiene fantasías personales, pero en general las trafica, las traslada, las dibuja como para que el lector goce con sus fantasías. Entonces pesa más la fantasía del lector que la de él.

El verdadero artista es aquel que se adelanta al inconsciente y lo expone para que para otro, eso valga también como verdad. Si yo me voy a ver una película, me interesa que el que me esta contando ese relato, toque algo mio, o sea en qué me identifico yo con ese relato. Entonces un buen escritor o guionista de cine, escribe algo que toque la sensibilidad del otro; eso es lo que importa, cómo llega el fantasma del lector al del escritor”.

Sobre su próxima novela, anticipó que se basa en un hecho ocurrido durante la guerra de la Triple Alianza. “Las tropas paraguayas ocuparon el lugar y ocurrieron algunos hechos que fueron retratados por un cronista. En esas crónicas, se cuentan hechos que hicieron después a mi familia. Entonces tomé eso para contar que hay objetos que se trasladan de generación en generación. El personaje de esa guerra, llega con sus descendientes la dictadura militar y a Malvinas. En realidad so las palabras las que se trasladan a través del tiempo, se pasan de mano en mano. Hay pasadores históricos que nos van legando cosas, yo por el lado de mi padre, recibí el idioma Guaraní”, concluyó.