miércoles, 29 de abril de 2009

Del síntoma a la causa


Del síntoma a la causa: el inconsciente (*)

Por Christian Gómez


Vamos a ir construyendo a lo largo de ocho encuentros un itinerario, es decir un recorrido que a-posteriori podremos recorrer como un programa de lecturas ordenado a partir de una tesis de Lacan que es la que vamos a tomar como punto de partida: El inconsciente, señala, es del orden de lo no realizado. ¿Qué quiere decir esto?.

En la clase del 22 de enero de 1964 Lacan distingue por un lado el dominio de la causa y la ley del significante diciendo que está en condiciones de introducir en el dominio de la causa la ley del significante. De este modo, el inconsciente como combinatoria mediante el cual la neurosis empalma con un real que puede no estar determinado. Es decir que hay que ubicar entre el síntoma y la causa la hipótesis del inconciente como mediación. Nos interesa también las consecuencias clínicas de esta afirmación así como el recorrido que lleva a su formulación por parte de Lacan.

Concomitantemente, podemos introducir la siguiente cuestión: incidencia de la hipótesis del inconciente en otros campos como por ejemplo la filosofía (preocupación de Lacan en su diálogo con los filósofos) y la lingüística. Resuena aquí el título de la presentación de Oscar Masotta en el mismo año de 1964: Jacques Lacan o el inconciente en los fundamentos de la filosofía. Asimismo, una pregunta que encontramos formulada de este modo: ¿qué es la lengua si el psicoanálisis existe?(1)

Por lo tanto, en primer lugar nos ocuparemos del inconiente como mediación y sus consecuencias para desplazarnos al eje de la doble sustitución del síntoma, sentido y satisfacción, y su conexión con la fantasía.

La causa, la ley y lo no realizado

Comentaremos hoy la clase del seminario once titulada El inconciente freudiano y el nuestro. Lacan parte de su afirmación según la cual el inconciente está estructurado como un lenguaje. Refiere por lo tanto el inconciente a un campo que define como el que Claude Levi-Strauss fijó bajo el título de El pensamiento salvaje. Algo organiza ese campo en términos de significantes y el signifiacnte, a su vez, organiza y modela las relaciones humanas.

La lingüística, dice Lacan, es la ciencia que tiene como modelo el juego combinatorio del significante, siendo esa estructura la que da su status al inconciente o al menos, continúa, nos asegura que el término inconciente encierra algo calificable, accesible y objetivable. Sin embargo, asegura Lacan, no hay que confundir los conceptos introducidos por Freud bajo el término inconciente con los términos de la lingüística, distinguiendo a su vez el inconciente freudiano de una simple concepción dinámica que hablaría de desplazamientos de fuerzas. Ni lingüística ni concepto dinámico.

Lacan introduce aquí, en oposición a la dinámica de las representaciones, la función de la causa. Toma, pero no lo desarrolla todavía, el Ensayo de las magnitudes negativas de Kant y el problema de las cuatro causas en Aristóteles para plantear el problema de la causa en lo que ésta tiene de anticonceptual., es decir la hiancia que presenta la función de la causa a toda aprehensión conceptual. La hiancia es una de las manera por la cual Lacan enuncia el vacío. Agujero a abertura, el término tiene connotaciones de la fenomenología (Sartre-M. Ponty).(2)

Por lo tanto, hay que distinguir la causa de lo que hay de determinante en una ley, quiere decir que cuando se trata de una ley hay determinación, por ejemplo la ley de acción y reacción quiere decir que una, la reacción, no se da sin la otra, la acción, lo cual nos llevaría a plantear el problema de la causa de la acción, llegando así a la hiancia. Es decir que no puedo explicar cual es la causa, para Lacan no solo hay allí algo anticonceptual sino un agujero, una abertura, que Lacan resume diciendo que en suma solo hay causa de lo que cojea.

Leo: “...Pues bien, en ese punto que intento hacerles atinar por aproximación se sitúa el inconciente freudiano, en ese punto donde, entre la causa y lo que ella afecta, está siempre lo que cojea. Lo que importa no es que el inconciente determine la neurosis; respecto a esto freud recurre gustoso al gesto pilático de lavarse las manos. (...) y es que el inconciente muestra la hiancia (agujero, vacío) por donde la neurosis empalma con un real; real que puede muy bien, por su parte, no estar determinado...” (3)

Es decir, entonces, que el inconciente está a la espera. Freud parte de la etiología (causalidad) de las neurosis y se encuentra con algo que pertenece al orden de lo no realizado. Lo cual nos lleva a distinguir el problema de la causa como hinacia de una hipótesis a cerca de la causa, que es lo que Freud concibe en términos de una etiología sexual y de lo cual dio cuenta con las series complementarias.


Este problema nos ocupará en la segunda parte de este curso. ¿Cómo entender esto? Considero que aquí Lacan conduce las cosas hacia el hecho que el inconciente es justamente cualquier cosa, lo que está a la espera, la sorpresa misma con la que se manifiesta en sus formaciones, cualquier cosa menos una sustancia, por mas que la referencia a la lingüística, por ejemplo, le de cierta objetividad y uno este tentado de pensar que esta referencia lo vuelve aprehensible.


No se trata de que el inconciente determina la neurosis sino mas bien que e se sitúa entre (mediación) el síntoma y una causa (real) indeterminada. Por lo tanto, indeterminación de la causa. El ombligo del sueño, dice Lacan, es uno de los nombres con los que Freud designa el vacío de la causa.

“... Ahora, a estas alturas, en mi época, estoy ciertamente en posición de introducir en el dominio de la causa la ley del significante, en e lugar donde esta hiancia se produce. No por ello deja de ser cierto que, si queremos comprender de que trata el psicoanálisis hay que volver a evocar el concepto de inconciente en los tiempos por los que Freud pasó para forjarlo, ya que solo podemos darle forma acabada llevándolo a su límite...” (4)


Dejo por ahora de lado la enumeración que hace Lacan de la semántica del término inconciente (5) anterior y contemporánea a Freud mismo para hacer hincapié en la idea de que cuando se trata del inconsciente, afirma Lacan, eso habla, eso funciona de manera tan elaborada como a nivel de lo conciente. No se trata aquí de una simple homologación sino de poder explicitar las leyes que rigen el funcionamiento por el cual eso, el inconciente, habla.


La ley del significante, pero tomada a partir de la mismísima experiencia freudiana. Inclusive Lacan remite aquí al apartado sobre el olvido de los sueños (capítulo VII de La interpretación de los sueños) donde, vamos a ver, Freud se refiere al análisis de sus propios sueños. Se trata del aspecto sorpresivo a partir del cual el inconciente se muestra, fenómenos que atraen a Freud y allí va a buscar el inconciente. Hay que detenerse en el modo en que Lacan lo expresa: allí, dice, una cosa distinta exige su realización, una cosa que aparece como intencional, pero con una extraña temporalidad.


Es decir que algo exige realizarse, hay una intencionalidad de ese algo, distinta a la intencionalidad de la conciencia y con otra temporalidad. Ese algo, eso a lo que solo accedemos, si se puede decir, por sus efectos, es lo que se produce en el dominio vacío de la hiancia. A la espera, dice Lacan, del órden, entonces, de lo no realizado. ¿Qué extraña torsión del tiempo nos permite, entonces, captar algo de eso que habla con una intencionalidad de la cual, empero, nada se? Futuro anterior, al decir de Enrique Acuña, es el tiempo del inconciente, una manera de referirse a la atemporalidad de la que habla Freud.


Hallazgo que es a la vez sorpresa futuro), re-hallazgo (anterior) y presto a escabullirse de nuevo, vale decir pérdida. Dimensiones del inconciente que tendremos que despejar en tanto conviene seguir a Freud cuando opone el síntoma y su duración a lo fugaz de las demás formaciones del inconciente.(6)


Hiancia, tropiezo, hallazgo, pérdida

Metáforas de la fugacidad del inconciente, si la hiancia designa la operación mediante la cual Lacan lleva a cabo un vaciamiento del inconciente, el tropiezo muestra la insistencia (hallazgo) de aquello que habla en otra escena y exige su realización en una combinatoria cuyas leyes (condensación y desplazamiento) enunció Freud al mismo tiempo que la estructura del signo daba estatuto científico a la lingüística. Isomorfismo, entonces, lo cual no debe llevar a confundir ambos planos.


El psicoanálisis no es lingüística. Resulta mas interesante la pregunta sostenida por Jean Claude Milner: ¿Qué es la lengua a partir de la hipótesis del inconciente?. El analista, dice Lacan, está allí en tanto testigo de esa pérdida, señala que el inconciente ha sido tocado. Por aquí hemos de seguir.-


Notas

(*) Versión corregida y abreviada de la clase inaugural del curso anual. Asociación de Psicoanálisis de Misiones. 22 de abril de 2009.

(1) Milner, Jean-Claude: El amor por la lengua. Editorial Nueva Imagen. México.1980.

(2) Ver: Clero, Jean Pierre. El vocabulario de Lacan. Atuel.Anáfora. Bs. As. 2006.

(3) Lacan, Jacques: El Seminario, Libro 11 Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós. Bs. As. 1997. Pág. 30

(4) Ibid. Pág 31.

(5) Ver Bres, Yvon: El inconciente. Atuel. Anáfora. Bs. As. 2006.

(6) Acuña, Enrique. “Un traje a medida”. En www.aplp.org.ar/e-textos. Me orientan en este curso los desarrollos realizados por Enrique Acuña en la clase inaugural del seminario clínico del Instituto oscar Masotta, Delegación Posadas (3-4 de abril), donde ubicó el inconciente como insistencia de la cadena significante y como existencia en tanto sujeto dividido. Problemas que Enrique Acuña trata en su curso Insistencia y existencia dictado en la APLP y que fuera también abordado en la jornada de apertura del ciclo 2009 de dicha asociación (cuyo título fue precisamente El inconciente freudiano y el nuestro), en el mes de marzo del presente año.-

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