miércoles, 22 de julio de 2009

HAPPENING 86: ERIC LAURENT (ENCUENTRO AMERICANO)

Editorial
Samuel Basz

Las palabras que Eric Laurent escribiera para el próximo Encuentro Americano (ENAPaOL) constituyen, para el Instituto Oscar Masotta, una verdadera puesta al día de la problemática central que tratan en su trabajo cotidiano los CID, las Delegaciones y los Grupos Asociados. También reflejan muy lúcidamente los ejes principales de un programa de investigación en el que está involucrado activamente el IOM ya que a lo largo y a lo ancho de nuestro país se ponen a cielo abierto tanto las enseñanzas que aseguran un eje teórico que haga consistir una comunidad epistémica, como las coordenadas para elucidar la intervención del discurso analítico y su alcance como lazo social.
A continuación, el texto de Eric Laurent.

Para el Encuentro Americano

Eric Laurent

Según las últimas noticias, cerca de 300 personas han presentado trabajos ante la Comisión de Selección del Encuentro. Esta abundancia testimonia del interés suscitado por la presentación de este acontecimiento en Buenos Aires.

El programa está centrado sobre los modos de encuentros y de interfase entre el discurso analítico y el discurso del amo, a través de las modalidades institucionales de recepción de los síntomas. El término institución está tomado en el sentido más amplio. Incluye por supuesto, el
consultorio del psicoanalista, que es una institución regida por el derecho común.
Los síntomas también son definidos, en sentido amplio, como todo aquello que cojea, que no anda, que muestra el enloquecimiento de las categorías con las que el amo intenta pensar y clasificar esos mismos síntomas. En el último estado de la clínica, el DSM, las categorías son perecederas, efímeras. Están pensadas como artefacto de una lengua epidemiológica.

El Encuentro se propone como objetivo precisar los efectos subjetivos de la interacción entre las prácticas institucionales por un lado, y el discurso del psicoanálisis por el otro. Esto nos permite recentrar el discurso psicoanalítico sobre sí mismo, continuando al mismo tiempo, el diálogo con los modos de funcionamiento de otros discursos.

Las Escuelas deben hacerse responsables del psicoanálisis en su conjunto y reforzar los lazos de sus miembros con el discurso que los anima. Ellas tienen que mantener vivo el deseo de demostrar que la formación psicoanalítica no consiste fundamentalmente en autorizar la terapia de los otros. Ella consiste en poner a prueba su deseo en la experiencia del cuerpo a cuerpo singular del análisis propio, y de la supervisión. Sin embargo, esto no implica ninguna indiferencia con respecto a los efectos que el discurso produce en las instituciones en las que domina la dimensión terapéutica. La Escuela Una, la Escuela del Pase debe también velar por el valor de los significantes propios de su discurso, por los usos que se hace de ellos, por los procedimientos que autorizan.

En el discurso del amo, en la medida de las transformaciones que implica un lazo social flojo, fragmentado, incluso atomizado, la cuestión de la identidad deviene urgente. Una política de la identidad, de la asignación a residencias identitarias, tomó forma. La transformación del lazo político en dispositivo de escucha del padecimiento de los sujetos se duplica de una proyección autoritaria en las categorías permitiendo la gestión de “poblaciones”. La destrucción de las antiguas categorías clínicas o sociales, surgidas de la clínica de la mirada y del diálogo clínico singular, por la ciencia, desemboca en un paradigma del estallido y la dispersión. La referencia a la ciencia como única garantía del discurso clínico se redobla perfectamente del olvido y de lo que no comprende. El resultado es el abandono de los sujetos a su precariedad y su sufrimiento.

Al mismo tiempo que proponen hacer entrar a los sujetos en nuevas identificaciones colectivas, la rapidez de estas transformaciones produce zonas de no-derecho en las que el sujeto se pierde. Los impasses y las impotencias de la clínica del medicamento no hacen más que inflar las prescripciones abusivas y los usos desviados de estos. Las contradicciones de los protocolos administrativos dejan sin recursos a los practicantes. La experiencia clínica está tanto más fragmentada en las instituciones que ya no se la recoge en los lenguajes clínicos sistemáticos.

El DSM se quiere ateórico, pura enumeración de síndromes. A partir de la alengua del síntoma, las elucubraciones de los lenguajes clínicos sólo se ordenan según la serie estadística. Sólo la medida de la frecuencia define la legitimidad de un fenómeno. El DSM, por su fragmentación y su sola sumisión a la ley de los porcentajes, ha revelado que la clínica está hecha de pedazos de real que los lenguajes clínicos velan bajo la coherencia del sistema.

¿Cómo pueden encontrarse entonces, en el Encuentro, el discurso psicoanalítico y los dialectos de las instituciones? El Encuentro no es la enciclopedia borgiana de todo lo que cojea en las instituciones. No apunta a la exhaustividad, si bien recibe ampliamente a quien quiere testimoniar de su experiencia como practicante y piensa que el psicoanálisis puede orientarlo. El Encuentro recibe lo que, del síntoma, hace hablar en los intersticios del lazo social, se hace incauto de los síntomas a partir de que exceden los dispositivos construidos para reducirlo al silencio.

Por ello el programa del Encuentro explora los lugares de un encuentro posible de los discursos bajo cuatro rúbricas principales:

1- Lo irreductible del síntoma al lazo social

2- ¿Cómo hacer escuchar el síntoma en la institución?

3- Los efectos de angustia ante la pretensión universalizante de los protocolos.

4- Las salidas singulares al malestar frente a las identificaciones segregativas.

En efecto, los practicantes que ejercen en las instituciones se encuentran atravesados por momentos de angustia, de desconcierto, de certidumbres anticipadas, de seguridades que vacilan, de buenas intenciones que se revelan no ser más que una vía de acceso a los círculos del infierno. Todos estos efectos están en busca de lugares en los que pueda escucharse que ellos declaran a favor del síntoma, más allá de todos los personajes que están en la escena.

El Campo Freudiano, la AMP, las Escuelas toman la iniciativa de articular lugares de encuentro y de interfase, de verdaderas placas tectónicas que sostienen los choques de discurso, cada uno según sus dispositivos y sus prioridad particulares. El Campo Freudiano ha procedido de tal manera que el Encuentro tomará la forma de un intercartel ampliado, acorde con la multiplicidad que trata. La comisión científica ha podido efectivamente conformar carteles ampliados que han animado la elaboración de los textos. Esta conversación entre carteles será puntuada por las reuniones plenarias alrededor de los temas elegidos.

Trataremos de poner a punto nuevos instrumentos para explorar la fecundidad de los impasses del Discurso del amo frente a lo intratable del síntoma. Examinaremos cómo las identificaciones conformistas establecidas en las instituciones pueden dejar lugar al “uno por uno”, tanto del lado del caso, como del lado del practicante.

Apuntamos, en efecto, a producir un amor por la singularidad de la alengua inconciente en un momento de la civilización en el que la singularidad sólo se concibe al nivel imaginario del yo: la época del individualismo de masa. El Encuentro es un dispositivo que permite testimoniar de la capacidad del psicoanálisis de producir efectos de discurso haciendo escuchar la resonancia de los efectos de resistencia del síntoma a su tratamiento institucional.
El Encuentro dialoga a su manera con los objetivos de Pipol IV en Barcelona, que explora la clínica y la pragmática de la desinserción en psicoanálisis. Toma nota del hecho de que el síntoma, en el discurso del amo, es primero aprehendido como lo que separa al sujeto, lo desinserta de su lazo social. Este abordaje del síntoma en términos de déficit permite desconocer la positividad del síntoma. Testimonia de la desinserción radical del sujeto en la lengua común y el lazo social que ella autoriza. Es porque el sujeto se sabe desinsertado que quiere hacer como todo el mundo, quiere insertarse.

Después de haber definido los fundamentos psicoanalíticos y las variedades clínicas de la desinserción, Pipol IV extraerá las lecciones de la práctica en los lugares institucionales en los cuales algo del síntoma puede decirse y ser escuchado, los “lugares alfa”. Después de haber hecho escuchar la voz de artistas que han hecho de su desinserción el fundamento de su lazo social (Joyce, Beckett, Gould), se interrogará si la manera en la cual se habla del síntoma en ese lugar privilegiado que es la reunión clínica permite efectivamente hacer escuchar su particularidad.
De Pipol IV al Encuentro Americano, de una manera muy diversa, se mantiene un mismo eje de cuestionamiento. Prosigue la elucidación de los fantasmas clínicos. Apunta a establecer la cartografía de lo real en juego en las prácticas institucionales y a reorientarlas a partir de allí. Es la apuesta de estos Encuentros.-


*N. de E.: el Ecuentro Americano se realizara en Buenos Aires el 28/29 de noviembre 2009.-Se realizará en el Hotel Marriott con la presencia de Judith Miller y Eric Laurent.


Un niño (guaraní) a muerto


Un niño (guaraní) ha muerto

-Entre la técnica y el rezo-

por Enrique Acuña


Palabra llave

El síntoma analítico es una “ficción útil” para acceder a la verdad, una creencia necesaria, siempre que el sin-sentido del síntoma se enchufe a la corriente de sentido del inconsciente. De este modo funciona el aparato del lenguaje con palabras llaves que abren circuitos de significación entre la insistencia significante y la ex-sistencia del sujeto.

Mientras que el síntoma social habría que escribirlo con h (sínthoma) pues no descansa en este circuito cuasi electrónico ya que “las estructuras bajan a la calle”, (alusión de Lacan al mayo de 1968). El sínthoma no llama tanto a la interpretación como a un cierto funcionamiento, de modo similar al que en la masa el grito oculta al responsable del mensaje: hay “nada para nadie”, en lugar del mensaje como “algo para alguien”. Este velo permite la falacia del colectivo en la “identidad” de una comunidad.



Lacan retorna a Freud con Levi-Strauss

Nuestro punto de partida será la concepción de síntoma social como modo de entender lo que Lacan aprendió de la estructuras sociales y la eficacia de lo simbólico en el nuevo culturalismo de los “primitivos vivientes” del lenguaje de los símbolos que Claude Levi-Strauss clasifica en los tupí-guaraníes de la Amazonia. (Mitológicas 1. Lo crudo y lo cocido)

Al principio de los años 50` el retorno a Freud promovido por Lacan tiene dos vertientes estructuralistas de la que se nutre: la antropología de Lévi- Strauss y la lingüística de Roman Jakobson. Apagando la llama de lo imaginario con la pastoral de lo simbólico, describe una ley de cadena en términos de batería y su combinatoria.

Esto es una clínica del retorno a la palabra por sobre las conductas, al verificar la supremacía de un orden que destituye al signo lingüístico como empuje al significado. Aún con esa influencia, Lacan prefiere separar en un caso clínico los mitemas múltiples –reducción del mito unitario del neurótico- por ejemplo la fineza épica en la elección amorosa de “El hombre de las ratas”.

Este retorno a Freud se hace al núcleo fallido de su doctrina del inconsciente. Dice Marcos Zafiropoulos que este punto de anclaje toma el nombre de “padre muerto” como acceso a lo simbólico en Freud, donde el Tótem sustituye al padre; y “valor cero”, función del número de hacerse “llamado a otro”, con el privilegio de contar sin contarse, en Lévi Strauss. Es esto lo que le sirve a Lacan para inventar el concepto del Nombre-del-Padre.

Hecho jurídico y bien decir (1)

Comentaremos una encrucijada medico-jurídica que apela al sistema de creencias de la ética, entendida como práctica de las decisiones. Se trata de un niño de raza guaraní, una etnia diferente religiosa y jurídicamente que en algunos momentos históricos (como el de la intromisión de la Compañía de Jesús en los territorios de las Misiones), se autosegrega para sostener su espiritualidad como forma de resistencia al dominio cultural.

Dice el abogado R. Stafforte en su tesis “La incomprensión positivista” sobre el caso Julián, un niño Mby’a guaraní de 3 años: “El niño fué llevado por sus padres Crispín y Leonarda al hospital de El Soberbio –Misiones- luego de que una asistente social del gobierno provincial viera en la aldea Pindó Poty a Julián visiblemente enfermo. Tras dos días de internación, los padres se volvieron con su hijo al paraje, convencidos de que la medicina de los blancos no funcionaba en este caso. En ese centro de salud dieron cuenta a la justicia de que los aborígenes rechazaban el tratamiento. Tomó intervención la jueza de familia, quien, a los pocos días, envió un patrullero a la comunidad Pindó Poty a buscarlos. Lo llevaron a otro Hospital. Luego, lo derivan a la ciudad de Buenos Aires con el diagnóstico de “cardiopatía congénita”.

El opyguá es el sacerdote guaraní que condensa dos funciones sagradas: curar y rezar, uniendo en su accionar tanto el ejercicio de la medicina como el ritual religioso. Pablo Villalba, opyguá de 105 años, presidente del Consejo de Ancianos de los Mby’a Guaraní, viajó a Buenos Aires para participar de la reunión del Comité de Bioética del hospital Gutierrez, dijo: “Los blancos ya tuvieron suerte de probar su medicina por eso queremos hablar para contarle de nuestra medicina”.

A esta altura de los hechos, el director del hospital manifestaba que: “para saber si el tumor era benigno o maligno se debe practicar una cirugía a cielo abierto”, esta intervención (de alto riesgo) implicaba parar el corazón entre otras maniobras”.

Del lado de la cosmovisión guaraní, dice el shaman: “Exigí a Dios que viera dentro del corazón y una revelación mostró una piedra en el pecho de Julián”.

Luego de casi un mes de internación el Comité de Bioética del Hospital se reunía para decidir si trasladaban a Julián nuevamente a Misiones. No solo sus padres sino también la comunidad Mby’a Guaraní rechazaban el tratamiento y querían que Julián y sus padres regresen a su tierra, donde las “energías espirituales podían favorecer a Julián”.

Agregó también que: “la decisión del Comité de Bioética no es vinculante al caso. Dijeron que respetaban su cosmovisión pero estaban supeditados al oficio de la jueza de instrumentar todos los medios para salvar a Julián”.

La Comisión de Abogados Indígenas, hacían una presentación judicial ante la jueza para que “revea su decisión teniendo en cuenta la constitución guaraní, su cultura, espiritualidad y cosmovisión”.

La jueza respalda la decisión de los médicos y resuelve dar curso al pedido de los profesionales de realizar una operación exploratoria urgente. Luego de dos meses de disputas jurídicas, Julián fue operado por un equipo de médicos.

El niño muere en su aldea casi un año después de la odisea, y su hermano Agustín de 3 meses de edad fallece a las 12 hs., ya por una “contaminación” del lenguaje o por una causa biológica desconocida.

Palabra alma (la cura con rezo)

Después de esta muerte, se fortaleció el imaginario de la comunidad en sus ritos. Hubo una nueva estrategia de sobrevivencia frente a los yuru’a (el hombre blanco con bigote), metáfora del mentiroso. El sacerdote decidió no permitir la entrada al templo ni al cementerio de los medios de prensa, y rechazaron una autopsia. El velamiento de lo real se haría en un nuevo silencio, que los organizaba bajo un signo unívoco: Julián –cuyo nombre guaraní fuera Verá, el iluminado, de ascendencia con Tupá.

Dice Lacan: ”Es conocido el uso que se hace en las tradiciones primitivas de los nombres secretos en los que el sujeto identifica su persona a sus dioses hasta el punto que revelarlos es perderse o traicionarlos” .(Escritos 1; pág. 287)

No se trata de pensamiento mágico sino de una contingencia que interfiere y transforma la eficacia simbólica de un mito previo. Las revelaciones del sacerdote toman más valor, las oraciones a cada enfermo que hace toda la comunidad, o la caza y festín del Kochi (pecarí), tótem sagrado que representa parte del don que reconoce a sus hijos Ñande Ru Ete –Nuestro Padre verdadero-. En esos rituales comunitarios como en la comunión cristiana, cada alma recibe a Dios en la bendición del shamán. Mientras que la curación no es sin rezo, por ejemplo requiere el ritual de Tatachiná -humo de tabaco como bruma que expele el sacerdote sobre el enfermo vehiculizando las palabras almas-. En esta práctica se reúne la función del médico con la del sacerdote, dejando la enfermedad en relación a una causa sagrada más que a un mecanismo natural o fisio-patológico.

El opyguá tuvo la revelación de Nanderu que una piedra –una enfermedad espiritual- fue lanzada el corazón de Julián. Y esas mismas palabras reveladas (son las Ñe´e porá o palabras almas) las que bien dichas por dios y el médium, tocan el cuerpo y transforman la causa de la enfermedad. Por eso el problema no se curaba en el hospital sino que había que volver a la aldea, al templo de barro sagrado (Opy) y orar para curar.

Pero es el sacrifico entendido como la entrega de un niño muerto, y la resistencia a ese mismo acto lo que después permite una identidad de yoes, una unidad en un “nosotros indivisible”. La comunidad se refuerza en la demanda al Estado y a la sociedad a partir de una posición de pueblo perjudicado: la respuesta fue el asistencialismo del gobierno –luz agua, alimentos- y la beneficencia de las ONGs extranjeras que los identificaba como víctimas sin salida de esa pareja infernal entre el prestador y su perjudicado.

Sin embargo la acción política real será una convocatoria a los derechos como “originarios” facilitada por el momento histórico de Argentina. En el año 2007 se organiza una Asamblea Grande de Caciques y Opyguás de más de diez aldeas que escriben el Manifiesto de Pindó Poty. El “Manifiesto” es ahora la metáfora que sustituye al nombre de “Julián“, dos caras de una misma moneda intercambiada en lo social como valor. Algo circula y funciona, es el sinthoma.

Este choque cultural tuvo el antecedente jurídico de la “conquista del desierto” con el exterminio del indio, pero ahora se trata de un niño muerto sin el halo simbólico que lo determina dentro del lenguaje (Ayvu Rapyta –el fundamento del lenguaje– son los textos y cantos míticos de los guaraníes que recogió León Cadogan) esa exclusión de lo sagrado sobre la enfermedad retorna en el conflicto que se hace ahora sapukáy ñaró (grito bravo)


Lo indecible por sobre la indecisión

“Un niño (guaraní) a muerto”. La frase escandida en su paréntesis está estructurada como un síntoma social que obtiene su peso por el conflicto de creencias entre la ciencia y la religión. Se construye en la frontera del significado de la muerte entre dos máquinas interpretativas con sus propios mitos perimidos y que tocaron su inconsistencia.

La enfermedad apela a otra causa que no es la materialidad del significante sino una causa final y a la vez eficiente. Tomará el nombre de conflicto “intercultural” o de “indecisión ética”, apelando a juicios que se vuelven “salomónicos” como titula Ion Elster el extravío de la ética en la técnica.

Jaques Alain Miller y Eric Laurent en el seminario El Otro que no existe y sus comités de ética caracterizan esta época como “era de la enrancia”. Analizan los debates jurídicos -anglosajones- sobre el problema de la decisión. Cito: “Nos enfrentamos a una pérdida de confianza en los significantes amo, una nostalgia por los grandes designios, los comités quieren suplir la falta de Ideal paterno ya caído.” Llaman entonces “neokantianos” a los filósofos “restauradores, si se quiere, del deber imperativo y de lo universal como única salida a la crisis moral.”


Sínthoma social

Germán García en su artículo “Psicoanálisis y política- discurso, valor, sínthoma” compara el síntoma social con quien inventa esa noción a partir de la producción de un excedente en la transformación de la mercancía-dinero: Karl Marx. Este es el valor que otorga Lacan a ese pasaje hacia un sinthoma particular, ¿qué se gana cuando se pierde?

Señalemos entonces que el síntoma (con h) es una función de solución. En este caso se podría decir que implica el valor de la palabra en la función social del sacrificio, entendido no como ritual pagano sino como potlach, destrucción del objeto mas preciado. Este trocar del valor de cambio en su uso se capta en la inversión que hay entre el sin-sentido de la muerte de ese niño y un nuevo sentido en el Manifiesto político. Ese desplazamiento es una solución.

La significación fálica del niño para el Otro social después del doloroso peregrinar entre discursos cae en lo real de la muerte. Se produce una degradación de la metáfora colectiva que perdió eficacia y obliga a transformar sus estrategias de interacción. Sacrificio que paradójicamente elevará la dignidad de sus derechos a la tierra, el sentido de las palabras-alma y retorno a su espiritualidad. Es un procedimiento con la verdad como causa final que la bioética olvida.

Esto nos dice bien sobre el limite de nuestras prácticas y de la supremacía de lo indecible por sobre lo indecidible.-



(*)- Texto presentado en la mesa redonda “La clínica del psicoanálisis frente al padecimiento - Lo que se hace en el Centro Descartes”. Congreso de Salud Mental de la AASM, Buenos Aires, 13 de junio 2009.


(1)- N.de E.: Remitimos al film documental La Bruma –Tatachiná- con guión del autor y testimonios de los protagonistas del caso medico-jurídico.-

HAPPENING 35

HAPPENING
Editorial N35
30 de mayo

Germán García

Conferencias Porteñas

En 1981 Jacques-Alain Miller, acompañado por Eric Laurent, habló en Buenos Aires y comenzó diciendo que tendría que experimentar “qué es hablar, trabajar, pensar, después de la muerte de Lacan”.
Desde hacía poco Jacques Lacan (1901/1981) ya no estaba, y su ausencia producía la dispersión de sus discípulos. Pero algunos de ellos pertenecían a la Escuela de la Causa Freudiana, que había adoptado antes de su muerte. Y Jacques-Alain Miller era el “al menos uno” que sabía leerlo.

Ahora, después de casi tres décadas tendremos en castellano el conjunto de lo que llamó Conferencias Porteñas, cuyo primer volumen saldrá para el próximo Encuentro Americano que se realizará en unos meses. Se trata de tres volúmenes que escanden con sus intervenciones la marcha de la expansión de la experiencia del psicoanálisis según Jacques Lacan en la Argentina (a pesar del título algunas conferencias fueron dadas en otras ciudades).

Lo que falta también habla: no está el fallido encuentro de Rosario, que marcó de manera todavía poco entendida el psicoanálisis de esa ciudad.

Hablo de esto porque en una conferencia internacional de 1988 Miller se pregunta: “¿Qué ocurrirá en la Argentina cuando se plantee la cuestión de una Escuela que lo sea, quiero decir que esté hecha para estimular el psicoanálisis en toda la Argentina?”. Para que no sea sólo porteña, para que sea de toda la Argentina, la EOL promovió —bajo la dirección de Jacques-Alain Miller— el Instituto Oscar Masotta. Pero dentro de la EOL existen tantas maneras de entender las cosas como miembros que tienen algún peso en lo que se realiza, tanto en la marcha regular como en ciertos acontecimientos que modifican esa marcha.

Los docentes del Instituto Oscar Masotta son miembros de la EOL en su mayoría, pero algunos tienen interés en el Instituto Clínico de Buenos Aires (ICBA) y algunas veces olvidan la última parte de la sigla (BA) y alimentan diversos tedios locales con pequeñas intrigas que distraen el trabajo común.

Las Conferencias Porteñas de Miller, al mostrar la amplitud institucional que propone, el horizonte clínico que expone y la política del psicoanálisis que realiza, será una enseñanza para nuestros docentes y también para quienes trabajaron estos años en cada ciudad y quienes se incorporaron en los últimos años.

Quiero suponer que circularán en cada Centro de Investigación y Docencia, en cada Delegación del Instituto Oscar Masotta (cuya función no parece ser entendida del todo). En fin, estoy diciendo algo de la alegría que me produce esta publicación y la molestia que me causan algunas miserias que encuentro a cada paso.

La reciente experiencia de Tucumán (que nadie puede decir que ignora) muestra que cada ciudad tiene que encontrar su manera de insertarse en el psicoanálisis a través de sus relaciones con las otras, pero que ninguna de ellas puede utilizarse para velar lo que falla en cada caso.-

lunes, 20 de julio de 2009

Documental LA BRUMA en Asunción Paraguay


En la embajada argentina en Asunción, Paraguay con los auspicios de Arandú Psicoanalitico, se presentó el documental La Bruma- Tatachiná- con una mesa debate en la que participaron Gloria Sappini Meza, etnologa, Osvaldo Gomez Lez, filosofo y el director Enrique Acuña.-


SEMINARIO CLINICO- El inconsciente y la transferencia

Atardecer en Posadas- (Foto: Silvia Caronia)

Instituto Oscar Masotta
Auspiciado por el Institut du Champ Freudien y el Departamento de Psicoanálisis de la Universidad de París VIII.

Delegación Posadas


Seminario clínico: El inconciente y la transferencia.


4º clase: Apertura y cierre del inconciente.





Docentes: Lorena Danieluk-Rodrigo Cibils (Delegación Posadas)

Interlocutor: Rosana Kredelbeck (Delegación Posadas)

31 de julio 20,30hs
Museo Provincial de Bellas Artes “Juan Yaparí”.

Sarmiento Nº 319. Posadas.

Informes e inscripción: 03752 15 58 40 17.

Visite HAIPYRE. www.iomposadas.blogspot.com Blog de la delegación Posadas del Instituto Oscar Masotta