jueves, 3 de junio de 2010

II JORNADAS LITORAL. La vigencia del síntoma. Lorena Danieluk

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La vigencia del síntoma

Por Lorena Danieluk.


Antes que nada resulta un poco extraño que celebrando el Bicentenario de la patria, a 200 años de la revolución de mayo donde se proclamaba por emancipación del dominio Español. Y teniendo en cuenta que uno de los slogans publicitarios de nuestra actual presidenta de la nación fuera: “salud para todos”; nosotros reunidos hoy aquí hablemos del síntoma, es decir, muy a contrapelo de lo propuesto por el discurso social, hablaremos de lo que no marcha, y además, de cierta “esclavitud”, -en tensión con la emancipación – del sujeto a su síntoma.

Más precisamente he elegido hablar de la vigencia, importancia, pertinencia y actualidad del síntoma, en consonancia con el pretendido bien – estar del discurso público. Quiero decir que no deja de inquietarme el hecho de que el psicoanálisis proponga al síntoma como solución, luego como huella a seguir en la clínica. ¿Cómo es esto posible?.
Entre algunas publicaciones que he leído para la ocasión, han llamado mi atención ciertos puntos que trataré de desarrollar, no creo saber por que, siento que ellos me encontraron a mí y de repente algo se articuló para esta ocasión, entre ellos se encuentran los siguientes:
- El mecanismo del sueño.
- La angustia como señal.
- La vida pulsional.

Puntos que me han enseñado respecto lo que expongo más arriba: una vigencia del síntoma, pero también una pertinencia del mismo para la economía psíquica, veamos por que.
Primero que para hablar de síntoma, considero que se pueden extraer tanto en Freud como en Lacan, por lo menos tres términos, no solamente las dos fuerzas psíquicas enemistades, hay entonces tres:
- La realidad exterior
- El yo.
- El ello o lo pulsional.
LA NO ELIMINACIÓN DEL SÍNTOMA.

I.
En relación al sueño, más precisamente en el capítulo VII, de la Interpretación de los sueños, Freud dirá que el sueño es un indicio de que algo quiso perturbar el dormir.
Ubica entonces como perturbadores a una excitación interna, pero también una externa – resto diurno, a las cuales opone al interés narcisista, egoísta del yo por dormir.
Lo reprimido del sistema inconsciente no obedecería al deseo de dormir del yo.
Los restos diurnos, que por el momento ligamos a lo externo, adquieren determinada importancia, sólo si están reforzados por las fuerzas pulsionales, por lo tanto tenemos un exterior que se hace interno, se borra la barrera interno – externo.

Freud cree, que cada proceso de excitación inconsciente tiene, por lo menos, dos salidas: o se descarga vía la motilidad o se liga (este sería el trabajo onírico).
El sueño, como muy bien lo dice su nombre, es un compromiso que surge entre estas enemistades, hay algo del deseo inconsciente que el sueño aparece satisfaciendo.


II.
En 1932, en la Conferencia Angustia y vida pulsional, Freud liga la formación de síntoma al afecto de la angustia. Distingue tres modos de la angustia en la neurosis:
A -la expectante, que denomina libremente flotante, pronta a enlazarse a lo que surja – estados de angustia,
B -la angustia en la fobia, ligada por lo tanto al objeto fobígeno,
C - la angustia en el síntoma, en la histeria dice, que casi siempre emerge sin que se le descubra fundamento alguno en un peligro exterior.
Plantea una angustia realista, por oposición a una neurótica – sin fundamento exterior -.
¿A que se teme en la angustia neurótica?

III.
Comienza aquí a conectar algo de la angustia con la vida pulsional, en tanto considera que ante un peligro externo hay la posibilidad de huida, mientras que ante uno interno esto es imposible. – ya en 1915, cuando introducía el primer dualismo pulsional, hacía esta especie de diferenciación, entre un arco reflejo, cuyo estímulo es externo y la excitación pulsional, que se caracteriza por ser una fuerza constante e interna –

A la vez, que considera que la angustia sería primero y la formación de síntoma después – como algo que pretendiera aminorarla -, por lo tanto la primer teoría de la angustia se desvanece – la represión separa la representación de su afecto, éste al quedar libre se trasmuda en angustia -.
Por último, angustia realista y angustia neurótica quedan anudadas, ya que la angustia neurótica sólo es posible si un suceso que la despierte se anuda a otro estado angustioso, más primitivo, anterior en el tiempo. Ubica aquí como prototipos a la angustia de castración, en el varón, y el temor a la pérdida del amor, en la mujer.

Bajo determinadas circunstancias, algo de lo pulsional se libera, el yo advierte que esto podría convocar algunas de las viejas situaciones de peligro, por lo tanto esa investidura pulsional debe ser sofocada, cancelada. El síntoma trata de ligar aquello psíquicamente, si bien hay un displacer, Freud considera que los montos energéticos proceden ahora en pequeños volúmenes.

EL SÍNTOMA TIENE UN SENTIDO, ORIENTA EN LA CLINICA.
El síntoma – en tanto conflicto entre el yo y su ello - se nos presenta entonces como huella clínica ya que muestra la articulación interior / exterior. La posibilidad de síntoma esta dado por el hecho de que un peligro externo toca algo de lo interno (pulsional).
Enrique Acuña en su artículo “Freud y la captación de la angustia por el síntoma”, siguiendo a Freud, muestra cierta conexión entre la situación peligrosa y la situación traumática. En este sentido, la situación peligrosa sólo es tal en tanto pone en juego una pérdida anterior, pone en juego lo real de una pérdida, el trauma, (situación mítica que supone que hubo el objeto alguna vez, objeto que luego se perdió).
Entonces la angustia como señal enseña respecto lo singular del trauma, en tanto indica ante que situación alguien ha quedado sin palabras. Qué situación ha sido imposible de representar.
Será siempre en un tiempo posterior en el que se podrá corroborar el efecto “traumático” de algo.
El relato que alguien hace respecto una situación angustiosa mostraría la proximidad al objeto de deseo.

Ahora bien, el síntoma tal cual lo entiende el psicoanálisis – solución de compromiso- se presenta como una posibilidad de captar ese real de la angustia, no obstante es un asimiento fallido, no todo ese real en juego será abordado. Por lo tanto se puede pensar que el síntoma también orienta respecto qué contingencia ha dejado al sujeto sin asunto, qué contingencia lo aproxima al objeto de su deseo.
¿Qué es esto de los síntomas actuales?, hasta aquí el síntoma sólo es posible situarlo como formación singular.
E.A. en el mismo artículo orienta en relación a que la actualización de los nuevos síntomas, se trataría de saber la posibilidad de conexiones significantes entre lo que aparece como peligro sin palabras y la memoria de lo ya vivido como posible de ser actualizado.
¿Cómo puede el psicoanálisis, en tanto dispositivo singular, opinar respecto lo que vale en lo social, es decir, la pasión por nominar, la generalización desmedida de los trastornos, la generalización de la medicalización ó de terapéuticas ortopédicas que pretenden corregir, adiestrar, adaptar, etc.?

El psicoanálisis no solamente puede opinar, sino que según mi criterio tiene que hacerlo. De hecho imprime su sello diferencial. Entiende, por ejemplo que lo novedoso de un síntoma puede estar articulado a lo que los ideales sociales imponen como modalidad, no son más que “lo fallido de ese programa de la civilización y sus reglas”.

Pues bien, si por actual hay que entender aquello que existe en el tiempo presente, aquello que llama nuestra atención, aquello que se mantiene, es decir que tiene actualidad; me resulta particularmente interesante el hecho de que el cuerpo de un sujeto tenga cierta vigencia. De hecho se lo exhibe, se lo ciñe – con dietas -, se lo atiborra de comida – en una obesidad -, se vomita, se lo ejercita, se inquieta – en una hiperactividad -, se intoxica, etc.

Es bueno reconocer que el psicoanálisis no participa del mismo modo que otras prácticas. Si tomamos la angustia, por ejemplo, como estado que puede ser experimentado por cualquier sujeto, de hecho es raro que alguien no lo haya experimentado por lo menos una vez en la vida; notamos que la misma se presenta como afecto que concierne particularmente al cuerpo, por lo tanto es un estado que puede ser abordado, de hecho lo es, por diferentes saberes: médico, psicológico, psicopedagógico, psicoanalítico, etc.
Ya podemos decir que la terapéutica es solidaria al modo en el que se concibe un estado ó un fenómeno, entonces la medicina, la psicología, el psicoanálisis, no responden igual.
Y cuando del cuerpo se trata Freud orienta en relación a encontrar que fenómeno de palabra es el que subyace al síntoma histérico, por ejemplo. Desanudar algunos significantes.

LA PARADOJA DEL LÍMITE FECUNDO.
Pienso entonces en una conexión entre angustia (como experiencia de lo real ) síntoma / sueño (como modos simbólicos - imaginarios de atrapar ese real). Una captura que es fallida, decíamos, en tanto hay un sufrimiento, aminorado, pero existe, el yo sufre.
Si el síntoma es un compromiso, lo es en tanto satisfacción sustituta, el problema es que el yo no lo percibe como tal. Algo del deseo inconsciente aparece figurado allí.

La cuestión sería la siguiente, la angustia señala la proximidad de lo inabordable de una situación, pero para que esto acontezca algo del modo de vivir del neurótico hubo de desestabilizarse. El psicoanálisis parte de ese agujero, propone al analizante que lo llene de palabras, a sabiendas de que sólo se podrá bordear ese vacío. La cura consiste en que en el recorrido de un análisis el sujeto aprende desde qué agujeros habla, ante qué situaciones se queda sin palabras. Es entonces, al modo de decir de Enrique Acuña, un vacío que se capta, es poner palabras sobre un real que angustia, precisamente para aprender sobre esa causa.

Entonces a 100 años de la aparición del psicoanálisis, celebramos la invención “revolucionaria” de Freud, que ha su modo ha propuesto cierta liberación, - emancipación – del sujeto por lo menos en la palabra. Obviamente: una liberación con consecuencias, en tanto supone que el sujeto no solo habla sino que también se escucha a sí mismo.

La vigencia del síntoma analítico, es que en tanto formación singular, enseña al sujeto respecto que causa particular lo determina, qué deseo lo habita para poder plantear hacia donde decide direccionar esto. Que hace con lo que ha aprendido en ese recorrido.-


Bibliografía consultada:
Acuña, E. (Compilador). Las paradojas del objeto en psicoanálisis. Edulp. BS. As. 2007.
Acuña, E. Resonancia y Silencio. Psicoanálisis y Otras Poéticas. Edulp. Bs. As. 2009.
Glaze, A. (Compiladora). Una practica de la época. El psicoanálisis en lo contemporáneo. Grama, Ediciones. Bs. As. 2005.
Freud, S. La Interpretación de los sueños. Amorrortu Editores. 1900.
Freud, S. Conf. 32 Angustia y vida pulsional. Nuevas conferencias de introducción al Psicoanálisis. 1932
Masotta, O. Lecciones de introducción al Psicoanálisis. Gedisa Editorial. 1986.

Leido en las II JORNADAS DEL LITORAL Ctes. /Chaco. 29 de mayo 2010.
Organizan:
CID – IOM CORRIENTES – CHACO. IOM Delegación POSADAS. IOM Delegación PARANÁ.

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