martes, 19 de abril de 2011

II ENCUENTRO DEL PSICOANALISIS CON LA HISTORIA Y LA CULTURA -auspiciado por el I.O.M.-

Alianza Francesa, Posadas, 25 de marzo 2011


II Encuentro del Psicoanálisis con la Historia y la Cultura.

Los síntomas de la cultura: insistencia del quien soy?
-consumos, adicciones, cuerpos, identidades-
                                                                                
Reseña
               Por Christian Gómez

La decisión es clara: la extimidad de Garma se resuelve en legitimidad, la de Béla Székely en una exclusión protegida, la de Oscar Masotta en una ubicuidad similar a la de Jorge Luis Borges.

Pero lo que importa es que el psicoanálisis en la Argentina transita por el nombre de Ángel Garma, Béla Szekely y Oscar Masotta.
                                                                         Germán García. “Oscar Masotta, el hombre sin atributos”.
                                                                                                   (El psicoanálisis y los debates culturales)

   El día viernes 25 de marzo, en la ciudad de Posadas, se llevó a cabo el II Encuentro del psicoanálisis con la historia y la cultura. El evento fue organizado por la Asociación de Psicoanálisis de Misiones y contó con la presencia de miembros de otras instituciones convocantes al Encuentro: la Asociación de Psicoanálisis de La Plata (A.P.L.P.), Asociación Psicoanalítica Paraguaya Arandú (A.P.P.A.), Casa del Psicoanálisis Sigmund Freud en Paraguay y Biblioteca Analítica Corrientes (B.A.C.), y auspiciado por la Delegación Posadas del Instituto Oscar Masotta.-

Se constituyó un mesa con trabajos expuestos por Ariel Delgado (Casa del Psicoanálisis), Ofelia Martínez (A.P.P.A.), Germán Schwindt (A.P.L.P.) y Julieta Ríos (A.P.M.) a la cual siguió una intervención de Enrique Acuña cuyo título fue “Lacan versus el extremismo nominalista”.


Insistencia del ¿quien soy?
Ariel Delgado, a partir de un trabajo titulado Entre el ser & la nada: una lógica identitaria, siguió la propuesta de Jacques-Alain Miller de la inconcistencia del Otro como fallas en la identidad en oposición a los fenómenos identitarios contemporáneos. En una época donde los semblantes de la cultura develan en carne viva su forma agujereada, planteó, se trata desde el psicoanálisis de subir la apuesta por una clínica de lo real en juego en una experiencia que apunta al corazón del ser, hecho de falta.

Ofelia Martínez, tituló su intervención Arasunú yvyrá rogué apytépe (El trueno entre las hojas), propuso una lectura de Augusto Roa Bastos en tanto “realista social” (tal como se nombraba) y crítico observador del Paraguay de la civilización. La realidad sociopolítica abordada en los textos del escritor paraguayo mas reconocido, según la autora, es leída no sin Sigmund Freud y la singular relación entre memoria y olvido que propone el psicoanálisis.
Posibilidad de escapar a la repetición pero también ocasión para tomar partido en el presente y plantear la política del cambio como un modo de leer los síntomas del Paraguay actual.

Germán Schwindt tituló a su ponencia El normal medicado. Del placebo a los quitapenas y pasando por las drogas lícitas, las sustancias llamadas medicamentos se proponen en tanto obturan el malestar en la cultura del sujeto moderno. Se trata de procedimientos que pretenden también opacar el inconsciente. Sin embargo, la falla en el saber (falla epístemo-somática tal como propone Jacques Lacan) que algunos llaman psicosomática supone un saber rechazado como una parte del organismo real sin cuerpo simbólico. El medicamento supone una cierta fé en el signo orgánico mas que la creencia en el inconsciente.

Por último Julieta Ríos, Las adicciones: entre vínculo social y malestar en al cultura, planteó que, en tiempos de unificación de los goces a partir de una alianza entre capitalismo, mercado y ciencia y donde las políticas de estado acatan también el mismo rumbo, el psicoanálisis juega su partida en función de la introducción de la singularidad del sujeto en una desconeccíón del nombre social (adicto) para articularse a una cadena significante que lo conecta al Otro del inconsciente. La operación del farmakón (remedio-veneno a la vez) propuesta por S. Le Poulichet es leída a partir de la diferenciación establecida por Freud entre droga y tóxico. dónde la droga es mas bien aquello que puede, fallidamente, neutralizar lo tóxico de la sexualidad.


Lacan versus el extremismo nominalista
Al final de esta mesda debate, fue la intervención de Enrique Acuña que se refirió a la extimidad del inconciente como lugar íntimo que puede a la vez volverse extraño. A partir de los dullars –lesionados de guerra- descriptos por Bíon y que Lacan retoma en su texto “La psiquiatría inglesa y la guerra” explica la identificación de los yoes por una identidad común, horizontal de los miembros de un mismo grupo a partir de un rasgo compartido. Luego existe otra alienación a un rasgo parcial que los liga al líder (identificación vertical). Entre ambas se hace el grupo o la masa, siendo lo que desestabiliza esa red identificatoria el plano de lo singular como una excepción a la norma que sale del paradigma compartido.

Los padres que nombran
Los fenómenos contemporáneos de identidad (tribus urbanas por ejemplo) se organizan a partir de un nombre del “otro social” que bautiza a quien se identifica a ese rasgo y adquiere un nombre común. Este fenómeno muestra que hay “padres” –cualquier cosa válida que predique algo sobre alguien- que nombran, en plural y en minúscula.

Esto no esta necesariamente referido al singular del Edipo freudiano o el Nombre-del-Padre como significante en lo simbólico que otorga un significado al sujeto. Pero el agente puede ser cualquier cosa: un resto social (la basura como crack) está nombrando en tanto hay quienes se juntan alrededor de esa práctica repetida y cotidiana para lograr su goce y se nombran por ese objeto de consumo. De modo que los nombres son dados por padres muy distintos al punto de que el relativismo social es referido a esta polisemia.

La técnica y las ficciones jurídicas
Se trata de observar, dice Enrique Acuña, en nuestra época como son afectados los cuerpos por las palabras. Distingue a partir de esta afirmación lo contemporáneo de la época de Freud de la cual ha quedado (J-A. Miller) el síntoma como núcleo que se repite.

La época no es freudiana en tanto la práctica cotidiana de un goce conduce a un nombre y donde por ende ya no es la tradición filosófica o familiar la que estipula las normas de lo cotidiano. Por lo tanto se ha ampliado la cotidianeidad en tanto se trata de un tiempo en donde hay la posibilidad de decir todo y supuestamente, la falacia que se puede gozar de todo.

El problema es pensar qué factor o factores intervienen en la transformación de lo cotidiano entre nuestra contemporaneidad y la de Freud. Se trata, propone Enrique Acuña, de los efectos de los objetos técnicos producidos por la ciencia y de las ficciones jurídicas vía la hegemonía del contrato ya no social sino particular. Ejemplos de esto son los objetos para llevar hoy accesibles para todo el mundo y por el lado del contrato la ley de unión civil que implica transformaciones en, por ejemplo, el concepto de familia.

Hay, entonces, objetos ilimitados pero son también ilimitadas las posibilidades de nombrar una práctica de goce vía el contrato ilimitado, infinito, que abre demasiadas demandas sin decidir un deseo.
Atento a estas transformaciones, Lacan paso de considerar al padre como lo simbólico del nombre que ordena la estructura para, a partir de su pluralización, plantear que cualquier cosa puede servir para nombrar y ese es el rasgo que hace que esta época no sea la freudiana. Se trata, en lo social, de los pequeños otros que nombran.


Los nombres inconscientes
Ahora bien, sobre el final de su exposición distinguió Enrique Acuña los nombres del sintoma que son efecto de la identificación parcial a la significación del otro social de los nombres que se hacen con un síntoma que son del Otro, ahora con mayúsculas, y que responden mas bien a un conflicto que se anuda al síntoma como algo rechazado que retorna. La experiencia analítica supone lo singular como “exemplum” (G. Agamben) que vale para solo ese caso y que refiere a un nombre inconsciente, que pasa a funcionar como nuevo paradigma, que no es una norma social, solo para ese sujeto.

Alguien puede nombrarse según un rasgo de su vida cotidiana (ama de casa, albañil o consumidor de drogas) que ha aceptado pasivamente en tanto viene del otro o bien hacerse por su nombre del síntoma que toca su deseo, equivocado tal vez pero decidido a tocar la falta en ser.-






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