lunes, 21 de abril de 2008

Presentacion del programa




Instituto Oscar Masotta
Delegación Posadas

Seminario clínico: Inhibición, Síntoma y Angustia
Clase inaugural de Enrique Acuña


Los días 11 y 12 de abril se llevó a cabo la clase inaugural del seminario clínico Inhibición, síntoma y angustia, organizado por la delegación Posadas del Instituto Oscar Masotta. Alrededor de 70 personas se dieron cita en el Museo Provincial de Bellas Artes “Juan Yaparí” de la ciudad de Posadas.

Enrique Acuña, docente invitado a cargo de la clase inaugural, comenzó su exposición señalando la importancia de un programa, el que nos proponemos desarrollar este año en la delegación, con una impronta clínica a partir del texto “Inhibición, Síntoma y Angustia” (1926), de Sigmund Freud.

¿Cuál es el estatuto del síntoma en psicoanálisis? Y, de que manera éste supone una respuesta diferente de la inhibición ante la angustia, fueron cuestiones que Enrique Acuña señaló como puntos de partida.

Hay que situar este texto de Freud, señaló, entre el evolucionismo de Darwin y la reflexología de Pavlov en tanto por un lado, la versión freudiana de trauma introduce un elemento discontinuo de eventualidad en una cadena de sobredeterminación, equivalente entonces distinguir el desarrollo biológico de una estructura del lenguaje.

Por otra parte, entre el estimulo y la respuesta del esquema pavloviano Freud va a introducir al inconciente en tanto laguna del recuerdo o bien un lapsus que introduce a una intención de significación allí donde desde un punto de vista cognitivo se trata de un error.

Primera cuestión: el inconciente en tanto hipótesis supone una intención paradójica, es decir sin intencionalidad conciente, no se trata de una voluntad.

Enrique Acuña despejó a continuación la inhibición, el síntoma y la angustia partiendo de los tres registros del lenguaje postulados por Jacques Lacan ubicando por un lado lo imaginario, la inhibición y el sentido, por otro lo simbólico, el síntoma y el equívoco, finalmente lo real, la angustia y el silencio.

De esta manera tenemos la inhibición como lo imaginario de un sentido que pone en juego una necesidad ligada a un Ideal que implica a la vez las relaciones del yo con el mundo, la soledad el síntoma en tanto vía el lenguaje entra en el equívoco simbólico en una relación no ya del yo con el mundo sino mas bien entre el sujeto y el Otro. La angustia supone la emergencia de un silencio real inequívoco (diferente a lo que podemos pensar como la mentira del síntoma ).

Tomando el caso Juanito (Análisis de la fobia de un niño de 5 años, 1910) como referencia, Enrique Acuña ubicó la doble sustitución (representación y afecto) puesta en juego en el síntoma en tanto hay en Juanito la sustitución del padre por le caballo en términos de una creación significante. Correlativamente un desplazamiento del afecto del amor al odio en términos de una sustitución que para Freud es una satisfacción que, sin embargo, no es equivalente al placer.

El síntoma se sitúa como un tratamiento de la angustia experimentada por el niño a partir de dos cuestiones: el nacimiento de la hermana, pero también una erección. La angustia, dice Freud, también tiene una doble causación y es que el sujeto se ve en una “situación peligrosa” por una pérdida: de la madre (el Otro materno) y de una parte de su cuerpo, el pene en tanto no sabe que hacer con eso, es una parte del cuerpo que es extraña a el. Freud remite esa pérdida a una situación anterior que es la situación traumática, ligada a la satisfacción de la pulsión. La angustia, desde este punto de vista, crea la represión y no a la inversa como primero supuso Freud. La angustia es una experiencia que es así señal de que algo real se aproxima en términos del ciclo de un deseo.

El ejemplo de un detalle de la vida de Jacques Lacan como apólogo de los zapatones del profesor, referido por Lacan en el seminario 7, es retomado para ilustrar la experiencia de la angustia como experiencia de un vacío que, tratada por lo arbitrario de una conexión significante (el sueño de Lacan que lo envía a los zapatitos de Van Gogh, luego a Heiddeger, luego a lo bello y lo sublime de Kant, etc.) ese enigma se traslada a su enseñanza como formalización de un vacio.

En la 2º parte de la clase, Enrique Acuña continuó a partir de la doble sustitución puesta en juego en el síntoma en términos de mecanismo psíquico que involucra un relato en dos tiempos, quedando del lado de la angustia un vacío. La cuestión que se plantea es de que manera la angustia puede ser captada por un síntoma.
Lo cual pone en juego una dimensión del tiempo que no sea solamente la dimensión cronológica (cronos) sino también el tiempo en su duración (kairós). En este sentido, la angustia introduce para Freud un tiempo, singular, de espera (puro presente), articula do a la pulsión en términos de un deseo. Entre la angustia y el tiempo de espera, se introduce el tiempo de la sesión analítica. La angustia es así un instante donde el tiempo no se articula a un pasado que se proyecta a un futuro, es decir que no se trata de una regresión temporal en la experiencia analítica sino mas bien tópica que sitúa un futuro anterior como el tiempo del análisis.

El modelo freudiano del síntoma es introducir una causa que es un vacío pero que a la que nos vemos conducidos a partir del síntoma como algo que puede descifrarse. El síntoma es entonces efecto de un vacío e introduce una sobredeterminación (series complementarias). Tomando los tres registros otra vez, el síntoma equivale a introducir lo simbólico por sobre el silencio de la angustia, lo que equivale a la ficción del síntoma (la mentira del síntoma). Freud llamo a esto protón pseudos.

A la inversa, la angustia es que en ese mundo simbólico hay un sin-sentido. La angustia es así la demostración de una certeza, no engaña, hay una experiencia del vacío. Ahora bien, si la angustia es la intromisión de lo real por sobre lo simbólico, el síntoma es un tratamiento ficcional (una mentira) de eso que es el vacío.

Contrariamente, que hace un psicofármaco es desconectar al sujeto de su causa en tanto se trata de un tratamiento de lo real de la angustia, no por el equívoco simbólico del síntoma sino por lo real del fármaco.
La captación de la angustia por el síntoma es correlativa a permitir la formación de sustitutos como una manera de introducir la dimensión de la causa.
La función de la angustia es indicar que en ese punto, en ese instante, hay algo del deseo del sujeto, es decir que la angustia lleva a introducir la función de la causa: es decir ¿quíen habla?

Ubicar ahí una respuesta supone dar a la angustia una función diferente a un trastorno siendo a la vez un tratamiento diferente.

Comentario: Christian Gómez

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