El odio y....
El odio y otras pasiones del yo (*) Por Germán García De alegre soledad dulces despojos. Quevedo Yo pido un análisis y lo que me retorna es ello, algo impersonal en lo que no quiero reconocerme puesto que yo fui quien lo rechazó. Algunos terapeutas, piadosos, ofrecen la primera persona del plural: nosotros. Pero cobijarse en ese nosotros no dura demasiado, ya que si somos nosotros los que hacemos el trabajo porque usted cobra y (una vez más) yo pago. Es que esa asimetría se establece por ello que, según Sigmund Freud, realiza sus mandatos a través del superyó. Si yo ofrezco mi amor se me exige un saber que no tengo y que, al parecer, habla cuando yo hablo. Porque yo no sólo tengo la pasión del amor sino que padezco de esa otra pasión que es la ignorancia: no quiero saber nada. Y en especial, nada de nada. Y cuando, al...